LOS CARNAVALES, UN RITUAL PROFANO DE TRADICIÓN RELIGIOSA por Miguel Romero Doctor en Historia y Cronista Oficial de la ciudad de Cuenca

Nos dicen los papeles viejos que el Carnaval surge porque la Iglesia lo quiso. Con ello, consentiría todos aquellos desajustes del comportamiento humano en estas fechas, siempre muy comunes entre los pueblos de nuestra geografía peninsular. Tal es así, que los clérigos y párrocos de cada lugar tendrían más facilidad para volver a conducir a sus fieles a la penitencia de la conversión y la esperanza litúrgica como medida de sentimiento religioso.

Sentir el Carnaval es sentir el deseo de disfrutar, de convertir el momento en lo más lúdico y provechoso posible ante la llegada del sacrificio, del ayuno, del penar por la Pasión de Cristo, de ese momento que hace del cristiano, el culmen de la solemnidad devota ante el cumplimiento de sus deberes religiosos.

Esta tradición -desde tiempos inmemoriales- comienza desde Jueves Lardero y acaba el martes siguiente. Como fiesta tradicional combina elementos tales como disfraces, grupos que cantan coplas, desfiles y fiestas en la calle, con la singularidad que en cada pueblo, en cada aldea, en cada lugar, siempre provoque su creencia, su definición y su costumbrismo.

Fresco pompeyano representando a las Bacanales romanas. Foto Mari Harrsch-Licencia: CCBY-NC-SA-2-0

Tal vez, a nuestro recuerdo podría venir su origen como tal. Aquello que empezó siendo un simple desfile en el que los participantes vestían disfraces y usaban máscaras para evitar la vergüenza de su acción, en ese sentimiento de pudor propio de la religión, fue poco a poco, transformándose en una celebración de mayor rango donde el exceso de comida, de disfrute carnal o de algarabía sin límites, pudieran compensar los sacrificios que llegarían. Con ello, no hacían más que continuar con aquel primer motivo que originase su presencia como fiesta pagana, igual que aquellas que se celebraban en honor a Baco, el dios romano del vino, o las saturnales y lupercales romanas, sin olvidarnos las realizadas en honor del toro Apis en Egipto un tiempo antes. Algunos de los historiadores que han tratado este tema, nos llevan a Sumeria y el Egipto antiguo, hace más de 5000 años, cuando una serie de celebraciones de corte muy parecido a las del Imperio romano, comenzarían a extenderse por Europa primero y por América y Asia después, gracias a los navegantes portugueses e hispanos, a finales del siglo XV.

Cierto es, que de una u otra manera, sea el origen que sea, los Carnavales han despertado siempre la inquietud y el deseo de una población, en gran parte ausente de libertades, y llena de antagonismos y represiones que en las sociedades pre-modernas, incluso modernas, han tenido que soportar. Las religiones, causantes en muchos momentos de esa condición regresiva y a veces, represora, condicionarían muchas de las necesidades y propuestas que los fieles de sus comunidades siempre desearon y por ello, se respaldarían en este tipo de manifestaciones como causa de escape o salida ante su opresión. Claro está que la propia Iglesia Católica no admitiese esta celebración, en función de ese tono religioso que siempre pretendió, pero cierto es que los Carnavales están asociados a los países de tradición católica y en menor medida con los cristianos ortodoxos orientales.

El combate entre el Carnaval y la Cuaresma. Pieter Brueghel-1559

A comienzos de la Edad Media, la iglesia católica propuso una etimología de carnaval: del latín vulgar carnem-levare, que significa “abandonar la carne” (lo cual justamente era la prescripción obligatoria para todo el pueblo durante los viernes de Cuaresma.) Posteriormente surgió otra etimología que es la que actualmente se maneja en el ámbito popular: la palabra latina Carne-vale, que significa “adiós a la carne“. Pero será a finales del siglo XX cuando varios autores comenzarían a sospechar del origen pagano del nombre y aludirían al término Carna como esa diosa celta de las habas y del tocino. Por otro lado, la conexión de esta fiesta mediterránea con las fiestas indoeuropeas, dedicadas al dios Karna (que en el Mahabharata aparece como un ser humano, hermano mayor de los Pándavas, hijo el dios Sol y de la reina Kunti) o con la deidad hindú Kamadeva que es el dios del amor, su nombre kama significa “deseo sexual” y “deva” como Dios, nos lleva a que esa predisposición hacia el deseo carnal pueda y deba tener su complemento actual. No hay duda, y si además atendemos a Silva Purana, literatura oral de los Vedas más antiguos, al dios Brahma que es el creador del universo, nos llevaría al famoso Kamasutra, aforismos de Kama por un lado, que son “máximas sobre el amor” y a Vatsiaiana, inspirada en el dios hindú. Todo, por tanto, tiene sentido.

Dionisio, figura mítica que simboliza la parte más terrenal del ser humano porque representa el caos, los excesos, el éxtasis y el desorden.

Actualmente, el Carnaval se ha convertido en una fiesta popular de carácter lúdico. El término “Carnaval” como tal se aplica también a otros tipos de festividades que no están situadas en el tiempo de Cuaresma o de las Carnestolendas, pero que comparten elementos similares, tales como los desfiles de carrozas.

Caravana en el Carnaval de Viareggio-Italia

En Castilla La Mancha algunos brotes festivos pasados propiciaran este tiempo carnavalero y nos referimos a esas celebraciones posteriores a la Navidad, en la mayor parte enfocadas a celebraciones de santos y patronos, tales son los casos, de San Antón, San Blas, la Candelaria, Santa Águeda, etc., donde la presencia de máscaras, cencerradas, cambios en el vestir, hogueras, aparición de cofradías, degustación de dulces, danzas y otras celebraciones de alegría conforman el programa festivo de pueblos y lugares.

Con la llegada de la democracia en España los Carnavales han vuelto a resurgir con la fuerza y vistosidad que le son característicos. Los días de fiesta y alborozo han contagiado aldeas, villas y pueblos, dando lugar a pregones, charangas, concursos de disfraces y otros aspectos varios, auspiciados por las instituciones municipales, algo un tanto contradictorio, pues el Carnaval inicialmente y tal como lo hemos comentado, tenía mucho de crítica hacia los que hoy lo alientan.

Tarazona de la Mancha-Ciudad Real-Las Mascarutas
Carnaval en Miguelturra-Albacete

Los pueblos de La Mancha tienen fuerte tradición carnavalera haciendo de sus fiestas pre-cuaresmales, fiestas mayores en todo su contenido. Hablar de Villarrobledo en Albacete, donde son Fiestas de Interés Turístico Nacional desde el 2011, o los de la Roda, también desde ese año de Interés Turístico Regional, o Tarazona de la Mancha con sus “Mascarutas” o los de Miguelturra con su “Máscara Callejera”, los de Herencia que celebrará este año su 250 aniversario de la Cofradía de Ánimas, con sus “Pelendengues”, sin olvidar el domingo de piñata en Almadén, los maravillosos desfiles de Villafranca de los Caballeros o de Alcázar de San Juan, con sus “Murgas y Chirigotas”. Albacete, Ciudad Real, Toledo y Guadalajara, sin olvidar a Cuenca tiene muchas localidades que celebran el Carnaval.

Alcázar de San Juan. Foto Rueda Villaverde
Alcázar de San Juan. Murgas y Chirigotas

Todo es fiesta en Castilla La Mancha durante los Carnavales, y en ellos la gastronomía concita esa parte fundamental donde los manjares tradicionales tendrán su acopio. Las gachas y las migas, los dulces como las fritillas con chocolate o la Roscutrera.

Los carnavales de Mira se remontan a más de trescientos años y cuentan que los vecinos se disfrazaban con sacos, ropas viejas y se cubrían también la cara. Salían por las noches y a falta de caramelos, a todos los que pasaban cerca de ellos los iban salpicando de aceite y barro diciendo: “esta noche se reparte y mañana se verá“. Se parodiaba a todos (muertos, iglesia, prostitutas, cantantes, políticos, etc.) y el pasacalles con chocolatada y churros cerraba el día.

En Minglanilla es una de las manifestaciones más populares y participativas de cuantas se celebran en la localidad. Tiene una Asociación vecinal encargada de su puesta en escena y todo es fantasía en los desfiles y las vestimentas. Según nos dicen “es una fiesta brillante, los disfraces son de lujo, el trato extraordinario y se mueve la gente observando el rollo coloquial existente, con el acompañamiento inexcusable de la Charanga.”

Carnaval de Minglanilla-Cuenca
Carnaval de Minglanilla-Cuenca
Entierro de la Sardina-Mira-Cuenca

En Motilla del Palancar hay color y alegría por su avenida del Riato. En el miércoles siguiente al de Ceniza, el cual allí llaman de Piñata, se organiza la gran cabalgata propiciada por el Ayuntamiento, con un concurso de disfraces, siendo los “Gnomos tiroleses” los habituales en ello, o ese baile de Piñata con esa piña de cintas colgando en el centro de la verbena, sin olvidarnos que el martes anterior al miércoles de ceniza, la harina llevada en una bolsa propicia que todo viandante moje su barbilla en ella como señal de arrepentimiento.

Quintanar del Rey es un lugar de la Manchuela donde la tradición se simbiotiza entre Cuenca y Albacete. El Carnaval es excelente, sobre todo en desfile y baile de disfraces, pero su pasado nos remonta a aquellos momentos en que la prohibición siempre estuvo, pues las gentes de este lugar, siempre lo celebraron. San Clemente, Tarancón y Mota del Cuervo nos sirven como ejemplo de su conceptualización como fiesta pagana, sin olvidarnos que la Cofradía de Ánimas es popular en muchos otros lugares, en ese culto a los muertos que todas las civilizaciones han mantenido, no solo en sociedades tribales sino en sociedades del modernismo tradicional. Gascueña con su rezo por las ánimas benditas, reformada como Cofradía en el 1787 por Fray Julián donde del Abad ejerce de notario, el alférez con la bandera, el capitán con el mando, la teniente con su ejercicio y portadora de esa pica, sin olvidar la alabarda con tachuelas que adornan las capas y los bastones de esos hombres castellanos.

Motilla del Palancar, Cuenca

Villafranca de los Caballeros, Toledo
Tarancón, Cuenca

Todos desfilan y todos asientes, acabando al final con esa estrofa que dice: “Y todos en Santa Paz y como buenos hermanos, con gracia espiritual aquí nos juntemos otro año.”

No podemos olvidar el ánima solitaria de Zafra de Záncara, o la Cofradía de las Pedroñeras o los “Ranreros” de Albaladejo del Cuende, así como la Almoneda de Cardenete o el Diablo y los Animeros de Carboneras de Guadazaón. Todo en un todo. Tradición y folclore, costumbrismo y religión. Riqueza de espíritu.

 

Carnavales de España

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