LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA: VOCACIÓN Y MODERNIDAD PARA GUARDAR EN NUESTRA MEMORIA COLECTIVA por Ana Palacios Alberti

Instituto Libre Enseñanza

La Fundación Giner de los Ríos ha recuperado la labor de la Institución Libre de Enseñanza, por medio de sendas exposiciones en su sede actual (una dedicada a Giner de los Ríos, 2016, y otra dedicada a M. B. Cossío, 2017).  Este nuevo proyecto pedagógico nació como resultado del conservadurismo y la censura del momento, como un proyecto innovador, laico y abierto a una nueva pedagogía.

La Institución Libre de Enseñanza (ILE) nació en 1876, en el momento en que España estrenaba nuevo monarca, Alfonso XII, y nuevo presidente del gobierno, Cánovas del Castillo. Este político fue el  hacedor, entre otros,  de la denominada Restauración borbónica y del  sistema canovista. Una época de marcado carácter conservador, donde destaca la influencia de las élites burguesas y de la Iglesia católica sobre el Estado. Regía un sistema turnista y bipartidista, en el que se alternaban en el gobierno, de un modo  nada democrático, el Partido Conservador de Cánovas y el Partido Liberal de Sagasta.                                                          

En 1875 se promulgó un Real Decreto que firmaba el Marqués de Orovio  (Decreto Orovio) que limitaba la libertad de cátedra, de modo que el Estado controlaba los textos y los programas universitarios. Una serie de catedráticos se separaron de sus cátedras de la Universidad Central y puestos en institutos como protesta. Se negaron a someterse al dogma de la Iglesia Católica, que propugnaba el Estado, y  decidieron unirse para poner en marcha un nuevo concepto de educación. El principal promotor será Francisco Giner de los Ríos, acompañado de Nicolás Salmerón (que había ostentado una breve  presidencia de la I República), Gumersindo Azcárate y Teodoro Sainz Rueda, entre otros

Cossio, Giner y Rubio

La modernización de España solo se conseguiría, según estos intelectuales, reduciendo los  altísimos índices de analfabetismo de España de finales del siglo XIX (en torno a 70%). Fue un proyecto pedagógico en principio dirigido a la formación universitaria, y enseguida se amplió a estudios primarios y secundarios. Participarán en el proyecto otros intelectuales de la talla de Joaquín Costa, Federico Rubio, Hermenegildo Giner, y Augusto González Linares, todos ellos personalidades comprometidas en la renovación  educativa, cultural  y  social del país.

Un intelectual de gran importancia en el recorrido de la ILE será Manuel Bartolomé Cossío, pedagogo e historiador del Arte, uno de los primeros discípulos de Giner de los Ríos, y maestro de la Institución. Al morir Giner de los Río creará la Fundación que lleva su nombre, en 1916 y   que ha cumplido un siglo, con la interrupción de la Guerra Civil  y la dictadura franquista, tras la cual  quedó proscrita la Institución Libre de Enseñanza y posteriormente, en 1940, confiscados todos sus bienes.

Cossio retratado por M. Fromke

Con la llegada de la democracia, en 1978,  se plantea la devolución de los bienes de la extinguida I.L.E. a su legítima heredera,  la Fundación Francisco Giner de los Ríos. El Ayuntamiento de Madrid devuelve la histórica sede de la I.L.E. a la Fundación. Comienza la remodelación, conservando la casa donde vivieron Giner y Cossío con fachada a Martínez Campos, y el  pabellón Macpherson,  que finalizó en 2014. Dicha restauración  ha corrido a cargo de los arquitectos Cristina Díaz Moreno y Efrén García Grinda, y de la paisajista Teresa Galí-Izard.

Fundación Giner de los Rios

Todavía hoy algunas de las propuestas de la ILE nos suenan revolucionarias, propuestas que ellos pusieron en marcha sin subvención alguna del gobierno, con la oposición de la mayoría conservadora,  y que pondrán las bases de muchas de las reformas educativas de entonces.

Educar antes que instruir, hacer del niño, en vez de un almacén de conocimiento, un campo cultivable. (M. B. Cossío)

La pedagogía propuesta por la ILE está basada en el krausismo, las ideas del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), muy difundidas en España. El krausismo defendía la libertad académica y de cátedra frente al dogmatismo, siendo uno de los primeros en hablar de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de los derechos de los niños, y de ecologismo. Asimismo defendía en su vertiente pedagógica, poner al alumno en contacto con la naturaleza y con la realidad circundante (de ahí la importancia que la ILE le va a dar a las excursiones y los talleres experimentales). También incidía en la importancia de la laicidad en la escuela.

El primer material de enseñanza; el adecuado en todo caso, el que está siempre vivo, el que no se agota jamás, es la realidad misma, que generosamente se nos ofrece. (M. B. Cossío)

Los miembros de la Institución Libre de Enseñanza proponían la agrupación de alumnos en pequeñas secciones, de no más de quince alumnos para que el maestro pueda comunicarse directamente con sus discípulos. Grupos de alumnos y alumnas, una de sus primeras revoluciones, la coeducación:

Auditorio Fundación Giner de los Rios

La Institución estima que la coeducación es un principio esencial del régimen escolar, y que no hay fundamento para prohibir en la escuela la comunidad en que uno y otro sexo viven en la familia y en la sociedad (…)unos de los resortes fundamentales para la formación del carácter moral, (…) y el más poderoso para acabar con la actual inferioridad positiva de la mujer, inferioridad que no empezará a desaparecer hasta que aquella se eduque, en cuanto a la cultura general, no solo como, sino con el hombre.

Los alumnos se agruparían según su desarrollo, consiguiendo una enseñanza individualizada y familiar que se alarga en el tiempo. Se iba profundizando año tras año en las mismas materias, las que proponían los programas oficiales, y las que reforzaba la Institución, tales como el Derecho, Psicología, Bellas Artes, Dibujo, Música, Carpintería, Jardinería…disciplinas todas ellas aprendidas del modo más experimental posible y más intuitivo.

Un proyecto que defendía que la formación era un “continuum”, que duraba toda la vida, (…) se fomentaba que los parvulitos hiciesen arte, se les enseñaba a identificar láminas y se les llevaba a visitar museos, y no solamente se despertaba a los niños a una edad tan temprana al arte, sino que se trabajaba por poner en pie una disciplina científica, la historia del arte (J. García Velasco, presidente actual de la Fundación Giner de los Ríos.)

Para todo ello era fundamental el contacto con la naturaleza, con la realidad, había que observar todo directamente, de modo intuitivo.

Si la escuela no se coloca en medio de la vida y abre sus ventanas de par en par a la naturaleza, está muerta. (M. B. Cossío)

Colonias escolares

Serán pioneros en la organización de colonias escolares y excursiones, todas ellas frecuentes  y económicas: geológicas, geográficas, botánicas, artísticas…Daban cursos completos de pintura y escultura en los propios museos;  salían a la Sierra de Guadarrama y a todo el entorno de Madrid, sobre todo a la ciudad de Toledo. Para la Institución Libre de Enseñanza Toledo se convierta en un estandarte, en un compendio de civilizaciones, y en un resumen de  la Historia de España. (El viajero que disponga de un solo día en España, debe gastarlo sin vacilar en Toledo, afirma Cossío).

Para los maestros de la Institución Libre de Enseñanza los alumnos elaboraban sus propios materiales, no usaban libros de texto,  y se movían libremente por los espacios que se les asignaban: aulas, laboratorios, talleres, jardín,  gimnasio, frontón. Para llevar a cabo este proyecto pedagógico, los espacios eran, pues,  muy importantes. El lugar inicial elegido era un ambicioso edificio en el madrileño Paseo de la Castellana, que  por falta de presupuesto tuvo que abandonarse. En septiembre de 1884 se trasladaron a la finca situada en el paseo del Obelisco número 8 (actual Martínez Campos 14). Hoy es el céntrico barrio de Chamberí, pero por aquel entonces eran las afueras de la ciudad.

Adquirieron un edificio que hacía las veces de secretaría y vivienda de Giner de los Ríos y Cossío, y un enorme jardín, en el que se fueron construyendo una serie de pabellones e instalaciones. Las nuevas construcciones seguían siempre las pautas de la arquitectura escolar de finales del siglo XIX, de carácter higienista. Los espacios debían ser luminosos, amplios y aireados,  construidos con materiales económicos y sólidos, recuperando en cierto modo la arquitectura popular.

Pabellon Párvulos

Muestra de ello fueron los pabellones que se añadieron, el pabellón Macpherson, todavía en pie, que se levantó en 1909 y el pabellón Giner o de Párvulos (hoy desaparecido). Eran edificios aislados, rodeados de jardín, con aulas amplias e higiénicas, laboratorios y taller de carpintería.  El jardín era, y es, el elemento vertebrador de este espacio, como lugar de encuentro y de estudio, además de esparcimiento.  Era un espacio natural que favoreció los estudios y el desarrollo de juegos y deporte.

La Institución Libre de Enseñanza siempre estuvo muy interesada en proyectar su labor pedagógica más allá de sus propios muros. Nacen así una serie de instituciones adscritas,  tales como la Residencia de Estudiantes de la calle Pinar (que nace en 1910, famosa por aglutinar a la Generación del 27, y que hoy sigue en funcionamiento), la Junta de Ampliación de Estudios, y el Centro de Estudios Históricos, dirigido por Menéndez Pidal. Durante los cincuenta años de la ILE se publicó un Boletín (BILE), que contaba con la colaboración y el apoyo de los más insignes intelectuales de la época (Einstein, Ortega y Gasset, Joaquín Costa, Tagore, Tolstoi, Gregorio Marañón, Antonio Machado, Joaquín Sorolla, Bertrand Russel, Darwin, Galdós, Unamuno, Pardo Baza, Ramón y Cajal, entre otros).

Manuel Bartolomé Cossío, el educador para el pueblo, como se le definía,  vivió toda su vida ligado a la Institución Libre de enseñanza, y fue el discípulo favorito y luego heredero de Francisco Giner de los Ríos. Consiguió poner en marcha las Misiones Pedagógicas, ya en la II República,  por los pueblos más apartados de España. El porcentaje de analfabetismo de España se iba reduciendo lentamente, pero aún era muy elevado en las zonas rurales. Para paliar esta penuria educativa en España se pusieron en marcha proyectos como el Museo Pedagógico,  y las Misiones Pedagógicas. Todo ello fue labor del mencionado M.B. Cossío. Este último fue su proyecto más querido, y consistió en llevar la cultura  (obras de arte, en forma de  copias del Museo del Prado de Goya, Velázquez, El Greco,  bibliotecas, obras de teatro…) a los rincones más alejados de la geografía española, así como orientar a los maestros rurales y difundir la democracia. Proyecto que también fue finalizado por causa de la Guerra Civil, y en el que participaron intelectuales como P. Salinas, M. Hernández, C. Conde, L. Cernuda y M. Zambrano y Ramón Gaya.

Ramón Gaya en el Museo Ambulante de Misiones Pedagógicas

El niño de la ciudad tiene, señores, el periódico, el teatro, la conversación culta de la atmósfera que lo rodea, los museos, una exposición permanente en los escaparates de cada tienda; pero el pobre niño del campo, ¿dónde puede ver jamás una estatua? ¿Quién le dirá que ha habido un Shakespeare o un Velázquez? ¿Quién le hará sentir la belleza de una melodía de Mozart, de una estrofa de Calderón?

Niños Leyendo

Cossío fue además, desde instancias oficiales,  el gran impulsor de logros políticos como la creación en 1901 del Ministerio de Instrucción Pública (por primera vez en España), y la equiparación económica de las maestras y los maestros. Defendió en otros proyectos el perfeccionamiento de la formación de los maestros, pensaba que la mayor formación debía ir para los que se dedicaran a los niños más pequeños. Todas las actuaciones en la línea dela Institución Libre de Enseñanza.

Rompamos, pues, los muros de la clase. Llevemos al niño al campo, al taller, al museo, como tanto y tan sanamente se ha predicado ya; enseñémosle la realidad en la realidad, antes que en los libros, (…). ¿Qué hace falta para poder realizar esta escuela, imagen de la vida? Todos lo comprendéis: hacen falta maestros. A ellos hay que atender antes que al edificio escolar, como antes que al material de enseñanza. Concluyo, pues, como allí terminaba: formad maestros; aumentad los maestros; gastad, gastad en los maestros (M.B.Cossío).

Giner de los Ríos, Cossío, la Institución Libre de Enseñanza, nombres para guardar en la memoria colectiva de nuestro siglo XXI, que a menudo da tan poca importancia a la renovación pedagógica, y a la innovación y gasto presupuestario en  educación, muchas veces postergado por todo tipo de intereses político y económicos.

Misiones pedagógicas. Museo del Pueblo

 

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