SEMBLANZA A GRISEL PARERA

La sirena de aguas caribeñas que poetizó el tiempo.

Sabéis amigos, “para darse por satisfecho con lo sencillo se necesita un alma grande”. Creo que esta cita de mi admirado Arthur Graf, me viene al pelo para definir a una mujer, caribeña en su nacimiento pero universal en su personalidad; una mujer, Grisel Parera, que a nombre levítico se une ese apellido converso que nos permite conjugar un espíritu, el suyo, que es como el viento y como el agua; un espíritu que cuando encuentra un obstáculo, nunca se detiene sino que trata de sortearlo, durmiendo a veces, en esas raíces del silencio que modifican el hábitat de la creatividad, del sueño, de la ilusión, del encanto encantador.

Creo que, a veces, la sensación del lenguaje está en sus ojos y creo, porque así lo siento, que la imaginación es muchas veces más importante que el conocimiento porque te eleva a la sinrazón, a la ilusión de paradigma del existencialismo, al karma de la genética, donde crecen las amapolas de la libertad.

Yo, aderezo el camino por ser amigo porque nuestras almas comparten fluidos anímicos y enrosco cada plácido encuentro en puentes venéreos donde el sol y la luna anidan al compás de miradas cómplices y sinceras.

Su poesía es la ambición del discurrir que aspira a verse cargada de más sentidos y ungida de una música que va implícita en sus versos; ella nos habla y nos seduce, nos susurra con la mística del verso libre y nos provoca el eco de la melodía de su corazón.

Creo que ha provocado como yo ese axioma universal de “vivir es elegir” y ha decidido abrir la eternidad de su encanto a la luz, porque la mujer y la luz tienen la misma alma.

Entre sus versos, el color de Cuba resurge impredecible y sempiterno; pero también la luz de Cuenca sale a flote como ese pájaro que buscó la libertad ansiada y, a veces, quiere seguir viviendo con tanta intensidad que parece nacer en cada instante.

Su poesía es frenética y compulsiva a veces, pero maquiavélicamente segura, melódica y sensual. En cada estrofa hay imaginación convertida en sonidos líricos, respuesta a sensaciones cotidianas envueltas en un frenesí de advertencias y sobre todo, canto a la esperanza entre palabras hilvanadas en el momento oportuno  y hacia la búsqueda perfecta de la sintonía silábica.

Entre sus palabras, bellas, profundas, sensibles, dulces, sonoras, consecuentes, trágicas, dolorosas, vitales, generosas, deudoras y amantes, hay sueños profundos y auténticos, porque “solo buscando las palabras se encuentran los pensamientos”.

Entre sus poéticas hay belleza, armonía y sentimiento; credo, sencillez, confianza, respeto, adulación, compromiso, humildad y libertad, porque solo “buscando la libertad se encuentran los valores eternos

Y entre sus versos, rítmicos, consecuentes, planos, hay rubor de sentimiento y sincera amistad, que recorre el caudal de un agua soñadora y eternamente, conquense.

 

Miguel Romero

 

Poema de Alfredo Villaverde:

AL MIRAR LA ESTRELLA MÁS BRILLANTE DE LAS GRISEIDAS.

 

Tengo las manos prestas al abrazo

y los ojos de júbilo encendidos

cuando al mirarme en ti se estrecha el lazo

de amistad que nos deja conmovidos.

 

Ahora que nos volcamos hacia adentro

como el verso se ahonda en nuestra cita

la alegría seduce nuestro encuentro

y su magia tu risa resucita.

 

Y hay sitio en nuestra mesa para todos

los que van en la vida peregrinos

del amor, del buen rollo y esos modos

de juntos andar siempre en los caminos.

 

 

Alfredo Villaverde.

 

Poema de Luis Manuel Moll

 

Grisel el recuerdo de una mirada

 

(Hoy recibí un correo escrito en cubano)

 

Soñadora de soledades y sus sombras

llegaste en el tiempo de la inspiración

a esta tierra donde lloró Don Quijote.

Entre tu piel cubana

traías letras escondidas,

enhebradoras de las frases

donde vas dejando tu alma

plasmando esa lluvia de versos,

que hermanan a los hombres

de historias que nunca revelaré,

y con ellas serás siempre la viajera

envolvedora de palabras

en hojas de papel,

fisgoneando con el  viento de las mil voces;

bailando y eclipsando a la luna soñadora

de aquellos nenúfares colombinos,

que nunca volverán a ser la estrofa

de un poema perdido.

 

Luis Manuel Moll

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