CERVANTES Y LA ORDEN TRINITARIA -I- por Jose A. Ramírez Nuño

La Orden Redentora de la Santísima Trinidad

INTRODUCCION.-

 

        No escribo como historiador, pues ese mérito lo tiene el P. Domingo de la Asunción, Trinitario, que es el autor del libro CERVANTES Y LA ORDEN TRINITARIA, un magnífico y posiblemente insuperable libro  sobre  Cervantes y  de rechazo, sobre la Orden Trinitaria que lo rescató. Yo, humildemente actúo como  presentador y si quieren como propagandista, al haber reeditado, un siglo después el libro del P. Domingo y al defender la sublime figura de Fr. Juan Gil, Trinitario de Arévalo, pues me imagino, que el próximo año, serán muy pocos los que recuerden y agradezcan la hazaña redentora de Fr. Juan Gil, y por ende de la Orden de la Sma. Trinidad.

Acepten  con esta intención estos tres artículos y denle el mérito  al P. Domingo de la Asunción, muerto el 4 de Agosto de 1.936 en la persecución religiosa protagonizada por el Frente Popular en Vallecas, Madrid.

 

Sello Órden Trinitaria

 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA.

         Finalizaba el siglo XII, pero no finalizaban lo problemas de la Edad Media y uno, no pequeño, era el conflicto entre musulmanes y cristianos que conllevaba el problema de la esclavitud.

          Toda Palestina y Siria había caído en poder de los musulmanes y aunque Jerusalén fue conquistada en 1.099 por los Cruzados y se restableció 3l orden en aquellas naciones, fueron efímeros aquellos triunfos y, habían pasado apenas dos siglos, cuando aquellos territorios de Siria y Palestina, volvieron a caer en manos de los musulmanes y fueron hechos prisioneros centenares  de miles de cristianos, que eran sometidos a una  esclavitud llena de vejaciones  y horrorosas torturas y privaciones en las mazmorras de los mahometanos, que en contra de lo que dicen que son, “religión de paz”, sólo siembran odio y muerte por donde pasan, como lo estamos viendo estos días.

          Pero Dios no abandona a su pueblo y a los que esperan en él. Lo mismo que sucediera en el libro del Éxodo, Dios mandó a Moisés para librar a su pueblo de la esclavitud de Egipto.

          Corría el año 1.193 y un profesor de la Sorbona  en París, decidió hacerse sacerdote y en su Primera Misa, el 28 de enero  de 1.193, en presencia del Obispo de María, Mauricio  de Sully, y el Abad de San Víctor y muchos otros personajes, y en el momento de la Elevación, tuvo una revelación:” Vio a Dios y a la Majestad de Dios, que tenía en sus manos un cristiano a la derecha y un moro a la izquierda, en actitud de canjearlos.

Obispo Maurice de Sully.Iglesia de Sully-sur-Loire

Juan de Mata, que así se llamaba el misacantano, entendió que Dios le confiaba  la misión de rescatar cautivos y desde ese mismo momento a ese fin dedicó todos sus esfuerzos.

          Terminadas las fiestas de su Primera Misa, Juan de Mata, renunció  a su cátedra  de la Sorbona y se retiró al desierto de Ciervofrío, en el noroeste de Francia, donde entró en contacto con un grupo de ermitaños, que animados por el proyecto de S. Juan de Mata, le prestaron todo su apoyo y formaron la primitiva comunidad Trinitaria y a su casa la llamaron Casa de la Santa Trinidad. Entre estos ermitaños, se encontraba S. Félix de Valois, perteneciente a la familia real de la Casa de Valois, y que desde ese momento fue compañero inseparable de S. Juan de Mata.

San Juan de la Mata

Juan de Mata, hombre inteligente y práctico, una vez consolidada la primera comunidad y bien diseñada la finalidad de la nueva Orden, decide ir a roma, a pedir la aprobación del Papa, que lo era recién elegido Lotario, Inocencio III, con quien había coincidido en las aulas de la Sorbona.

          Realizadas todas las investigaciones, que no fueron pocas, por fin, con la bula Operante Patre, Inocencio III aprueba  la Orden de la Santísima Trinidad  y de los Cautivos, tal y como había solicitado S. Juan de Mata y los hermanos de la Casa de la Santa Trinidad de Ciervofrío, el 17 de Diciembre de 1.198.

          “Obedecía, dice el P. Domingo, la fundación de la Orden Redentora, a una imperiosa  necesidad de la Religión y de la humanidad, y se extendió con prodigiosa rapidez por todo el occidente y oriente de Europa y en Palestina; los pueblos  acogen con respeto y veneración a los nuevos religiosos Trinitarios, los reyes los protegen y les dispensan señalados favores, y los Papas los bendicen y conceden toda suerte de privilegios, para mejor realizar tan magna y ordenada empresa”. Cervantes y la O. Trinitaria, pg. 137.

          Casi en el mismo momento de la aprobación de la Orden, el Papa Inocencio III, dio a S. Juan de Mata un carta de recomendación y presentación para el rey de Marruecos, Miramamolín. Y S. Juan de Mata, junto con otros compañeros, aquel mismo año 1198 se hicieron a la mar  para realizar el primer rescate de cautivos cristianos. Y fue un éxito. A los pocos meses volvían a Marsella trayendo 198 cautivos rescatados, “devolviendo el padre al hijo, el hijo al padre, el esposo a la esposa, la inocente doncella  a la madre desolada”. Balmes. El Protestantismo, tomo III, cap. XLIV.

Papa Inocencio III. (Anagni, (ha. 1161) – Perugia, 16 de julio de 1216). Papa n.º 176 de la Iglesia católica de 1198 a 1216.

Y este fue el inicio de un camino glorioso emprendido por  los Trinitarios, que según Balmes, rescataron hasta 1.726 un millón de cautivos. Otros autores, como el español Fr. Antonio de Guzmán, gran historiador, y analizando todas las redenciones, eleva la cifra en su obra: Tratado sobre el origen de la Confraternidad y Archicofradía  del Celestial y primitivo Orden de la Sma. Trinidad, p. 194, eleva, digo  la cifra a dos millones cuarenta y un mil novecientos cuarenta y seis, los cautivos cristianos rescatados por los Trinitarios de España, Portugal y Francia.

          Uno de los heroicos Redentores que en este artículo y los siguientes nos interesa, fue Fr. Juan Gil, nacido en Arévalo (Ávila), honra y prez de la Familia Trinitaria, y aunque no se lo hayan reconocido, y pocos lo sepan, tanto deben las letras hispánicas: “pues jamás podrá olvidar quien  de español y cristiano se precie, que a este insigne Trinitario, se debe el que recobrase la libertad y su patria y renaciera para  la literatura española, el inmortal autor de El Quijote, D. Miguel de Cervantes Saavedra”… que sin su intervención valiente, decidida y providencial, jamás hubiese conseguido su libertad, como él mismo lo asegura y confirma D. Antonio de Sosa, sacerdote portugués y cautivo en Argel, si el P. Gil, no lo rescatara el mismo día en que su amo Azán Bajá, partió con todos sus esclavos para Constantinopla el día 19 de Septiembre de 1.580.

        

N.B. la segunda edición del libro Cervantes y la Orden Trinitaria, fue costeada  casi en su totalidad por el Ayuntamiento de Arévalo y a él damos las gracias. Si alguien quisiera  conseguir este libro diríjase a la Concejalía de Cultura de dicho Ayuntamiento  o al preparador de la 2ª Edición. José A. Ramírez Nuño, E-mail: jaramirez@gmx.es.

 

 

En el año, 2.016, se celebró en toda España, el IV Centenario de la muerte  de D. Miguel de Cervantes, Saavedra, y fueron multidud de publicaciones cervantinas e impresionantes elogios a Cervantes y a su obra, fundamentalmente El Quijote, los que se dieron en esas fechas.

          Pero fueron muy pocos, los elogios a la Orden de la Sma. Trinidad y, en concreto a Fr. Juan Gil que le rescató, los recuerdos y elogios a dicha Orden y a dicho fraile Trinitario de Arévalo.

          No sé por qué, pero siento una especial debilidad en apuntarme a defender  las causas perdidas e intentar poner mi granito de arena para defender dichas causas cuando son justas y nobles.

          Al terminar mi primer artículo ya hacía mención a lo mucho que las letras hispánicas deben a D. Miguel de Cervantes Saavedra y de rebote a la Orden Trinitaria y a Fr. Juan Gil y Fr. Antón de la Bella. De hecho, son innumerables los monumentos, las pinturas, las películas, las monedas, los teatros  dedicados a Cervantes. Pero solamente conozco un monumento dedicado a Fr. Juan Gil, muy reciente, que está en Arévalo, (Ávila) su ciudad natal, promovido por su actual Concejala de Cultura, Dña.  Sonsoles Arroyo Fragua. Y existe un leve recuerdo a la Orden Trinitaria, en el monumento a Cervantes, en la plaza de España de Madrid, donde aparece escuetamente, la cruz trinitaria, roja y azul y muy pequeña, que hace falta buscarla con verdadera intención para percatarse de ella.

          Pero recordemos: sin la Orden Trinitaria y sin el heroísmo de Fr. Juan Gil, ni Cervantes, ni El Quijote,  ni Novelas Ejemplares, ni Persiles y Sigismunda, ni nada de nada.

          Pues yo quiero hacer justicia y  presentaros Fr. Juan Gil de la Orden Trinitaria, hijo de Arévalo y del convento de Arévalo (Ávila).

Convento Trinitario de Arévalo (Ávila)

Nació Fr. Juan Gil  en Arévalo en 1541. No conocemos el día de su nacimiento, ni quienes eran sus padres y demás familiares, porque el convento y la mayor parte  de los archivos Trinitarios de Castilla  desaparecieron, primero  con la maldita invasión francesa de 1808 y después con la inicua y fatídica exclaustración de 1835 de Mendizábal de infeliz memoria, donde sucedió, según D. Marcelino Menéndez y Pelayo, “que los ricos quedaron más ricos y los pobres más pobres, pues perdieron toda la ayuda que las Ordenes Religiosas  les proporcionaba”.

          Había un convento Trinitario en Arévalo fundado en 1.215 o en 1.222, casi a raíz de la muerte de S. Juan de Mata (1.213) y que seguro pasó por Ávila, Arévalo, Segovia, pues el Obispo  Gonzalo de Segovia, pues se conserva una carta de 1208, animando a sus fieles a ayudar a la Obra Redentora de los Trinitarios  y a inscribirse en la Cofradía de la Sma. Trinidad.

Fray Juan Gil

En Arévalo hizo su noviciado,  profesó y estudió humanidades y artes, Fr. Juan gil, hasta que sus superiores lo enviaron a Salamanca a estudiar Teología, y demás estudios complementarios  de la carrera  eclesiástica. Tras doctorarse en Teología en Salamanca, fue nombrado catedrático de Teología para que enseñase a sus hermanos de hábito, tarea que desempeñó con gran aplauso de superiores y alumnos por su sabiduría y virtud.

          En 1570, la Provincia de Castilla se dividió en dos: Castilla y Andalucía, dadas las grandes distancias y los escasos medios de comunicación de aquellos tiempos, para que un solo Provincial pudiera visitar y atender a todas las casas.

          Salió elegido Provincial de Castilla  Fr. Rodrigo de Terán, uno de los religiosos más austeros y obsevantes de la época. Era “Consultor del Santo Oficio de grandes letras y suma erudición” según el cronista Trinitario Fr. Manuel Reinoso, Obispo de Nueva Segovia en Filipinas.

          El P. Terán, necesitaba un secretario  eficiente y modélico y lo encontró en la persona de Fr. Juan Gil, que le acompañó en todas las visitas a los conventos levantando acta fiel de todo lo sucedido. Gracias a estas visitas hemos podido seguir la pista de Fr. Juan Gil, aunque escasas por la quema y saqueo de los archivos conventuales.       

Liberación de Miguel de Cervantes por fray Juan Gil

El norte de África se había convertido en un nido de corsarios y maleantes que hacías sus razzías en las costas de España, Francia e Italia. Se consideraban los dueños del Mediterráneo. Hacían cautivos a cuantos caían en su poder, sometiéndoles a una prisión inhumana, aherrojados en las mazmorras de Argel, que ellos llamaban baños y sometiéndoles a durísimos trabajos, suministrándoles una pobrísima comida y sin apenas poder beber agua en un pilón que existía en el patio, como si fueran animales.

          A estas mazmorras llegó nuestro Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo junto con sus compañeros, cuando fueron apresados en la galera Sol, frente a las costas de Marsella, el 26 de septiembre de 1575, y a pesar de sus repetidos intentos por fugarse, allí permaneció hasta el 19 de septiembre de 1580, fecha en que fue rescatado por Fr. Juan Gil.

Cautiverio de Cervantes

A pesar de los esfuerzos redentores de los Trinitarios, aún quedaban en Argel en 1.575 más de veinte mil cristianos cautivos, sufriendo unas terribles condiciones de esclavitud. A esta sazón el P. Gil fue nombrado Redentor General por la Provincia de Castilla, y por parte de  la Provincia de Andalucía, le fue asignado como compañero Fr. Antón de la Bella, Trinitario de Jaén y a la sazón Ministro de la Casa de  Baeza.

          Y ambos aceptaron con gran ánimo, sabiendo y asumiendo los peligros que el oficio de Redentor conllevaba. Y al ponerse en marcha se dieron cuenta  de que las arcas de la Orden estaban vacías, las ayudas reales restringidas, y las limosnas disminuidas.

          Pero no se rindieron. El P. Gil organizó las colectas programando la Redención de 1580. El mismo, fue nombrado  comisario General de América  por el  Ministro General Bernardo Dominici el 22 de Diciembre de 1578, y para América se embarcó sin miedo nuestro Fr. Juan Gil, y allí recorrió dando testimonio de su religiosidad y haciendo colectas los territorios de Méjico y Perú. Dicen las crónicas que de allí volvió  rico en caudales divinos y humanos. Su corazón no le permitía un solo momento de descanso.

Cautivos cristianos siendo liberados por padres Trinitarios

Reunió las limosnas, invirtió dinero en ropas, bonetes, dulces y otros regalos para comerciar en Argel y así aumentar el dinero para la redención. Era un andariego infatigable. Y Dios premió su obra.

Indecibles fueron los trabajos y penalidades que pasó en Argel mientras iba rescatando cautivos. Varias veces estuvo a la muerte con el alfanje al cuello por los genízaros musulmanes.. Pero su fe y confianza en Dios le libraron de  tantos peligros.

Se discute todavía si fueron dos o tres las Redenciones  que realizó Fr. Juan Gil. Sí es cierto que en la Redención de 1.580, en Julio envió  a España con Fr. Antón de la Bella a 108 cristianos. El P. Gil se quedó en Argel negociando otras redenciones, rescatando otros 42 cautivos, más una Espina de la Corona de Ntro. Señor y otras reliquias de diversos santos. Se conserva el memorial de todos los rescatados  en 1580, que fueron 185 en total, entre ellos Miguel de Cervantes Saavedra.

En la segunda Redención, en 1.583, Fr. Juan Gil rescató 150 cristianos de las mazmorras de Argel. Había embarcado  hacia Argel el 16 de Junio de 1583. Realizadas las inspecciones  por el Rey Azán Bajá, y pagados los elevados impuestos que les imponía, Fr. Juan Gil comenzó las tareas de la Redención y documentación de cada rescatado, llegando, como se ha dicho a 150 cristianos rescatados. Los 150 rescatados, los PP. Redentores y el escribano Juan Martínez, se embarcaron en Argel el día 25 de Agosto de 1583 y llegaron al Grao de Valencia el día 29 y tras realizar la acostumbrada procesión, fueron enviados libres a sus respectivas familias.

Terminada la Redención de 1583 y liquidadas todas las cuentas, Fr. Juan Gil, ya muy enfermo, fue enviado a su convento de Arévalo. No recuperó la salud, pero aunque relevado de su cargo de Redentor General, siguió incansable trabajando  por la causa de la Redención.

Lleno de méritos y virtudes este insigne Trinitario Redentor, marchó a la casa definitiva de la Santa Trinidad desde la casa de Arévalo. Hasta hace unos años  se daba como fecha de su  muerte el día 8 de julio de 1.587. Nuevos documentos hallados, demuestran que todavía vivía en Madrid el 30 de Mayo de 1606, por lo que corregimos  la fecha y la fijamos el día 8 de Julio de 1.606.

¡Gloria al libertador Fr. Juan Gil!

Libro de los Trinitarios Calzados en el que se asienta la liberación de Cervantes, cautivo.

Dada la brevedad de estos artículos, pasamos por alto  la disputa de la patria chica de Cervantes, y damos como cierta  la Ciudad de Alcalá de Henares, así como otros datos de su juventud y nos ceñimos al hecho de su cautiverio  en la galera Sol, cuando volvía de Nápoles a España lleno de méritos militares tras haber participado heroicamente en la batalla de Lepanto y otras campañas militares.

          Licenciado voluntariamente y con buenos informes para Felipe II tanto de D. Juan de Austria como del Duque de Sessa, Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo junto con otros compañeros, se embarcaron en Nápoles para España en la Galera Sol. La mala fortuna hizo que la galera Sol se adelantara de la flota que navegaba en dirección a España y el 26 de septiembre de 1.575 fue abordada por los corsarios musulmanes  frente a las costas de Marsella y atacados por tres bajeles al mando del renegado Alí Mamí. A pesar de la heroica resistencia, inferiores en número, fueron apresados y conducidos a Argel, donde empezó el verdadero calvario de Cervantes y muchos otros compañeros encerrados en los baños de Alí Mamí.

Puerto y ciudad de Argel en tiempo del cautiverio de Cervantes

“El cautiverio de Cervantes, -dice el P. Domingo de la Asunción- es, sin duda alguna la página más culminante de su vida”. Cer. Y la Ord. Trinitaria pg. 175. Cervantes sabía que había entrado en el infierno en la tierra. La situación de  los cautivos era lamentable y triste. La barbarie musulmana los trataba  peor que animales. Encerrados en los baños (mazmorras hediondas), sin apenas comer ni beber, semidesnudos, enfermos y obligados a trabajos forzados, y con muy pocas esperanzas de recobrar la libertad.

          Sólo un rayo de luz aparecía de vez en cuando, cada vez que los Trinitarios y Mercedarios, dos Órdenes Redentoras,  acudían para hacer la redención de cuantos cristianos podían rescatar.

          Pero Miguel de Cervantes, no obstante  estar encerrado y cargado de grillos, no cejó en el empeño de recobrar la libertad e incluso  la de otros cristianos cautivos. Lo intentó repetidas veces con planes bien estudiados, pero la mala suerte y la traición, como el caso del Dr. Juan Blanco de Paz, exfraile  dominico, hizo que ninguna de estas tentativas llegara a buen término.

          En 1.577, fue rescatado su hermano Rodrigo, menor que él por el P. Jorge del Olivar, Mercedario. De hecho, Miguel que era mayor, hubiera tenido preferencia, pero él, generoso, prefirió que su hermano  fuera rescatado, mientras él quedaba en Argel cargado de grillos, pero intentando una y otra vez su libertad y la de muchos de sus compañeros.

Cervantes a su llegada a Argel

Pero un día también llegó la luz para él, como el mismo Cervantes  dice en su otra EL TRATO DE ARGEL.

 

“Albricias, caro Aurelio, que es llegado

un navío de España y todos dicen

que es de limosna, cierto en el cual viene

un fraile Trinitario, cristianísimo,

amigo de hacer bien y conocido

porque ha estado otra vez en esta tierra

rescatando cristianos, y dio ejemplo

de una gran cristiandad y gran prudencia.

Su nombre es Fr. Juan Gil.

 

          Ya vemos cómo el mismo Cervantes recuerda con cariño y agradecimiento a su libertador. Es verdad que su madre y su hermana hicieron cuanto pudieron para juntar el dinero necesario para su rescate. Pero a pesar de sus esfuerzos, no lograron juntar la cantidad exigida por su amo el Rey Azán Bajá.

          Consta en el libro  de las Redenciones de la Orden de la Sma. Trinidad cómo su madre Dña. Leonor de Cortinas y su hermana Dña. Andrea de Cervantes, entregaron a los PP. Redentores 300 ducados con la obligación de devolución  si no lograban rescatar a Miguel. Pero era pequeña la cantidad en comparación de los 500 escudos que pedía su amo por su rescate.

          Los frailes Trinitarios a penas llegaron a Argel comenzaron las negociaciones  para liberar a Cervantes, pero todos sus esfuerzos eran inútiles, pues su nuevo amo Azán Bajá, exigía  1000 escudos  de oro español, cuando él sólo había pagado 500 a Alí Mamí. Las instrucciones de Felipe II  tampoco permitían pagar  tal sobre precio. Todo parecía ponerse en contra del Alcalaíno, peo ni él cejaba ni Fr. Juan Gil, que le tenía gran estima y le admitía a su mesa como amigo, cesaba de negociar y buscar una salida para liberar al Manco de Lepanto.

          Así ls cosas Azán Bajá fue cesado como Rey y decidió llevarse consigo  a todos sus esclavos a Constantinopla, donde hubiera sido imposible todo rescate. Y ya estaban embarcados y a punto de soltar amarras, mientras Fr. Juan Gil removía Roma con Santiago, para poder  reunir los 500 escudos de oro, pues Azán Bajá había dicho que “no tenía cristiano que no fuera caballero, que a ninguno  de ellos daría por menos de quinientos   escudos  de España en oro”. Notario Pedro Rivera.

          A punto de zarpar, Fr. Juan Gil pudo reunir el dinero exigido y romper lo grilletes de Cervantes y abrazado a él, sacarlo de la galera de Azán Bajá.

Cervantes en Argel

Así fue la historia a grandes rasgos. Pero para no hablar más yo, copio íntegra el acta  del Rescate de Cervantes firmada por el gran Libertador, Fr. Juan Gil. Dice así:

          “El la ciudad de Argel a diecinueve del mes de septiembre (1580) en presencia de mí dicho notario el M.R.P. Fr. Juan Gil, Redentor susodicho, rescató a Miguel de Cervantes,  natural de Alcalá de Henares, de edad de treinta y un años, hijo de Rodrigo de Cervantes y de Dña.  Leonor de Cortinas, vecinos de la villa de Madrid, mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado del brazo y mano izquierda, cautivo en la galera Sol, yendo de Nápoles a España,  donde estuvo mucho tiempo en servicio de S.M.: perdiose el 26 de septiembre del año 1575; estaba en poder del Rey Azán Bajá, y costó un rescate  de 500 escudos de oro; no le quería dar su patrón si no le daban escudos de oro en oro de España, porque si no le llevaba a Constantinopla y así atento a esta necesidad, y que este cristiano no se perdiese en tierra de moros, se buscaron entre mercaderes 220 escudos, a razón cada uno de 120 asperos; porque los demás que fueron 280 había de limosna de la Redención, y los 500 escudos son y hacen  doblas a razón de 135 asperos cada escudo, mil trescientas cuarenta doblas”.

          Tuvo de adyutorio 300 ducados, que hacen doblas de Argel, contando cada real de a cuatro por cuarenta y siete asperos, setecientas setenta y cinco y veinticinco dineros.  Fue ayudado  con limosna de Francisco de Carabanchel, de que es patrón el M. I. Sr. Domingo de Cárdenas Zapata, del Consejo de S. M., con cincuenta doblas; y de la limosna general de la Orden fue ayudado con otras cincuenta; los demás restantes, a cumplimiento de las mil trescientas  cuarenta hizo obligación de pagarlos a la dicha Orden, por ser maravedises para otros cautivos, que dieron deudos de España para su rescate, y por no estar al presente en este Argel, no se han rescatado, y estar obligada la dicha Orden a volver a las partes sus dineros, no rescatando los tales cautivos; y más se dieron nueve doblas a los oficiales de la galera de dicho Azán Bajá que pidieron sus derechos.

          En fe de lo cual lo firmaron de sus nombres, testigos Alonso Verdugo, Francisco de Aguilar, Miguel de Molina, Rodrigo de Frías, cristianos. *Fr. Juan Gil*.

          Pasó ante mí Pedro de Rivera, Notario Apostólico”. (Archivo Histórico Nacional. Crónica de Redenciones de la Orden de la Sma. Trinidad, 1580. M.S.). Cfr. Cervantes y la Orden Trinitaria pg. 26.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *