EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO por Alfredo Pastor Ugena

El Hombre del Renacimiento

“Petrarca había sido aclamado como el padre del nuevo humanismo, el primero en afirmar inequívocamente la creencia de que el hombre educado era posible solamente a través del diálogo con los grandes maestros del pasado antiguo. “Sólo estos maestros habían entendido la plena importancia del alma…” Es decir, ellos entendían la naturaleza humana, lo que la hace buena y lo que la hace mala. Poseían un conocimiento extraordinario de lo que se necesitaba para curar lo malo y producir lo bueno. Eran no meros maestros de abstracciones muertas, como los odiados escolásticos, sino que supuestamente habían realizado una verdadera penetración en la experiencia humana”.

( Donald R. Kelley, ed.:(1991):” Versiones de la Historia desde la Antigüedad a la Ilustración. New Haven.Yale University Press, p. 227)

            El Renacimiento, que abarca en sentido amplio los siglos XV y XVI, es un período esencial de cambios y transformaciones en casi todos los órdenes de la vida. Representa, entre otros aspectos, una nueva etapa histórica y filosófica. Tuvo su origen en las ciudades-estado italianas desde donde se extendió por Europa.

            El nombre mismo nos indica la conciencia de esa novedad, en oposición a la Edad Media, etapa más de oscuridad y declive para los nuevos pensadores que consideran necesario volver a las raíces del pensamiento griego y a la  riqueza de la naturaleza. Con la influencia y el predominio de la era cristiana, la razón griega había quedado oscurecida durante siglos.

Florencia

            Este importante momento histórico fue fruto de la difusión de las ideas del humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo. El nombre “Renacimiento” se utilizó porque éste retomaba los elementos de la cultura clásica. El término simboliza la reactivación del conocimiento y el progreso tras siglos de predominio de un tipo de mentalidad dogmática establecida en la Europa de la Edad Media. Esta nueva etapa planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, el interés por las artes, la política y las ciencias.

            En este último aspecto, Bacon, Copérnico, Galileo, Kepler, son figuras centrales en el desarrollo de la ciencia, que supondrá la destrucción de la imagen ptolomeica del mundo, inspirada en el universo cerrado y geocéntrico de las dos esferas; la creciente y progresiva matematización de la naturaleza y el desarrollo del método experimental serán dos de las bazas más significativas de su triunfo.

            El Renacimiento afectó a las estructuras básicas de la sociedad y la cultura, comprendiendo la vida cotidiana y la mentalidad diaria, la práctica de las normas morales y de los ideales éticos, las artes, las ciencias.

            Esta época es la primera etapa del proceso de transformación del feudalismo al capitalismo. Su ruptura con el mundo medieval se produce en todos los órdenes de la cultura, pero hay que tener presente que el Renacimiento es un período complejo, plural, donde lo viejo y lo nuevo se mezclan y se entrecruzan.

Johannes Kepler-Alemania, 27 de diciembre de 1571 – Ratisbona, Alemania, 15 de noviembre de 1630

Los comienzos del S. XV son de gran actividad creadora, aunque también de gran confusión, al tener que acostumbrarse a las nuevas perspectivas vitales (interpretación del hombre, del Cosmos…). En este siglo hay una doble vida: la supervivencia de la vida medieval y el Renacimiento de una nueva vida. El hombre que mejor representa a esta época en la que los individuos tienen conciencia de estar situados en los confines de dos mundos es probablemente Pico Della Mirandola.

            La novedad y el carácter revolucionario de esta época del Renacimiento está en la actitud de los hombres ante el mundo, éste no es un lugar de paso, sino algo valioso y bello que el hombre puede transformar en su morada, siendo el hombre protagonista de su destino.

            La capacidad creadora del hombre hizo que muchos filósofos renacentistas abandonaran el mundo medieval de Adán por el de Prometeo (inventos de las artes y los instrumentos de la vida civil). El pensamiento renacentista rompe con la jerarquía universal de las cosas y sitúa al hombre como capaz de cambiar cualquier realidad enojosa y si sufre no es por decreto de la naturaleza o de Dios, sino por su falta de esfuerzo intelectual o manual, por su estupidez o por su perversidad.

Tommaso Campanella -Stilo, Reino de Nápoles, 6 de septiembre de 1568 – París, Reino de Francia, 21 de mayo de 1639

            Esta concepción del hombre exige un espíritu de libertad que abarque todos los campos de la actividad humana y también especialmente la esfera del pensamiento. La libertad es una auténtica necesidad de los tiempos (S. XV y XVI ) y no es nada sorprendente que se constituyese en el centro de la axiología renacentista como valor conductor a cuyo alrededor se ordenaron todas las demás.

            El destino del hombre medieval, condenado a vivir en un “valle de lágrimas”, conoció a mediados del siglo XV un nuevo camino de esperanza. Se asistió a una eclosión del arte y la cultura. Las ciudades se embellecieron. El mundo se convirtió, por fin, en un lugar habitable. Dios ya no era el centro del mundo. El hombre se había hecho con las riendas de su propio destino.

            Con el retorno a las fuentes clásicas durante el Renacimiento, el mundo clásico grecorromano se considera ahora digno de una desmesurada admiración. Por el contrario, la cultura medieval es vista como un paréntesis de oscurantismo .

            Se da gran importancia al estudio del griego y del latín para entender cabalmente las obras de los autores clásicos; sus escritos se difunden en un afán de reencuentro con la nueva valoración de la inteligencia del hombre y de su amor a la naturaleza. También se valorará con mucho interés el canónico equilibrio entre forma y pensamiento. La literatura y el arte de la antigüedad clásica grecorromana renacen así con fuerza

Ptolomeica

            El hombre del Renacimiento aspiraba a gozar ampliamente de la vida presente y reclamaba la absoluta libertad de la razón para buscar la verdad y el mejor conocimiento de sí mismo y de la naturaleza. Sintió curiosidad por todo y a todo lo aplicó la razón.

            Por lo mismo, el hombre es libre de decidir su conducta, de elegir su destino, lo que supone una exaltación de la libertad individual tanto en el orden teológico como el orden cultural y social. Como una de las características más notables del Renacimiento, el antropocentrismo, se produce una valoración no sólo de la personalidad del ser humano, sino también de su individualidad. El Renacimiento supone pues el renacer del espíritu de libertad de un ser humano que se quiere inserto en la naturaleza y en la historia. . El humanismo es el fenómeno más notable de la nueva cultura.

            El hombre pasa de ser un mero espectador en el Medievo a tener confianza en si mismo y convertirse en el artífice de su destino.

            En la Florencia del S.XV se escriben textos de exaltación a la grandiosidad humana, destacando la famosa oración sobre la dignidad del hombre de Pico della Mirandola, en la que de forma sencilla y sublime se recoge la nueva imagen del hombre que el califica y apellida como : “el gran milagro y animal admirable”. La grandeza del hombre reside en su libertad para hacerse a si mismo, esto es, en convertirse en libre escultor y modelador de si mismo

Maquiavelo. en italiano Niccolò di Bernardo dei Machiavelli – Florencia, 3 de mayo de 1469-ib., 21 de junio de 1527

El hombre no tiene una naturaleza fija, concreta y determinada, él es el artífice de su propia suerte y según lo que cultive aquello florecerá. El hombre puede emplear mal su grandeza, pero la meta tiene que ser la perfección, por ello Pico della Mirandola dice que debe apoderarse de nuestra alma una cierta santa ambición de no contentarnos con lo mediocre sino anhelar lo bueno y tratar de conseguirlo con todas nuestras fuerzas. La libertad no es una meta sino un punto de partida para el proceso de realización de las potencialidades humanas

            El hombre renacentista será también el gran constructor de la sociedad política. Los humanistas están muy preocupados por la sociedad política que debe conseguir un estado justo capaz de proporcionar el bienestar para la identidad de los hombres; los pensadores políticos del Renacimiento descubren a la humanidad como un todo independiente de la comunidad particular a la que cada uno pertenece.

            La sociedad estaba integrada por seres libres e iguales y los descubrimientos científicos y técnicos eran patrimonio de toda la humanidad. Este ideal explica las grandes utopías surgidas en el Renacimiento, en las que se establecen normas para toda la humanidad y en las que se aspira a la creación de una República Universal.

            Para, Maquiavelo, por ejemplo, el conocimiento de los hombres es condición imprescindible para una acción política adecuada. Él, en contra de la mayoría de pensadores de la época, cree que el hombre es malo por naturaleza. En El Príncipe nos lo describe como egoísta, dominado por el miedo, vengativo, mezquino, ambicioso, inconstante. Defiende que sólo el Estado (orden estatal) puede garantizar una adecuada organización de la convivencia humana. Sólo la violencia del Estado, su poder soberano, puede frenar la violencia salvaje de los hombres y convertirse en garantía de la libertad de todos. Los filósofos del renacimiento coincidieron en afirmar que eran los hombres los artífices de la sociedad civil; sin embargo existen diferencias en el análisis de hasta que punto los hombres son dominados por la fortuna

            Otro hombre renacentista destacado como Tomás Campanella, filósofo y poeta italiano, en su utopía La ciudad del Sol, quiere que todo el mundo sea partícipe de la felicidad alcanzada en esta ciudad. No utiliza la fuerza, sino que por medio del convencimiento hace ver las ventajas de esta forma de vida. La misma idea de universalidad aparece en el pensamiento político de los humanistas florentinos de finales del S. XIV y principios del XV que convierten a Florencia en la patria ideal de los hombres.

Pico de Mirandola. Ferrara, 24 de febrero de 1463 – Florencia, 17 de noviembre de 1494

La libertad de pensamiento, sin la cual no hubiese sido posible la ciencia ni la filosofía moderna, fue uno de los más preciados dones que los renacentistas nos dejaron. Esta conquista supuso muchos sufrimientos: como el proceso a Galileo, el cautiverio del propio Campanella o la muerte de  Bruno y Vanini

            Los filósofos renacentistas, cuyo papel para el progreso del pensamiento fue crucial,  lucharon en todo momento por un pensamiento libre y autónomo, sustituyendo el principio de autoridad por el de libre investigación.

            Con los humanistas se revaloriza toda manifestación de la vida, el tema de la muerte y la preocupación por el más allá pierde terreno; mientras se vive no existe la muerte, esta idea la refleja muy bien Bocaccio en el Decamerón, donde sus personajes, rodeados por la peste, nunca piensan en la muerte y se dedican a buscar la belleza y el placer.

            Son también famosas las polémicas de los humanistas relacionados con la vida monástica y ascética, que ven como un freno a sus ideales de placer y pasión por la vida. En esta época asistimos a un descubrimiento del cuerpo, que deja de ser pecado para convertirse en objeto de goce y alegría.

            Se ensalza asimismo el amor espiritual y el físico, que además de producir deleite y placer resulta fecundo para el género humano. Hay una exaltación del matrimonio y un culto a la belleza.

             Los hombres renacentistas, en su búsqueda de la belleza, liberan al arte de su servidumbre teológica y lo convierten en fin de sí mismo. El gusto estético se manifiesta en el deseo de escuchar y hablar bien, de ahí su desprecio por la barbarie de los medievales.

            Durante el Renacimiento, salvo casos excepcionales, no hay ateísmo; domina la idea de considerar la obra de Dios, tanto la Naturaleza como el hombre, como algo digno y valioso en su totalidad. No creen en el pecado original y por tanto tampoco hay corrupción o depravación y en consecuencia proclaman la alegría y el goce por la vida

            Los artistas Renacentistas mostraron una nueva apreciación por la naturaleza en toda su variedad, especialmente la naturaleza humana en su singularidad y multiforme complejidad. Se nos dice que sus obras celebran la vida al proclamar una nueva libertad para explorar ideas nuevas, para desafiar los antiguos dogmas, para tomar control del destino de uno, para gloriarse en la humanidad y en la superioridad del hombre sobre la naturaleza y lo que lo circunda. Ellas testifican elocuentemente de la llegada de la edad del hombre

            El florecimiento del arte y el logro artístico durante este período es una reflexión de esta actitud, y sirvió para promover el ideal de la fama individual, tanto para los artistas mismos y la de sus patrones.

            En suma, con el Renacimiento nace un hombre nuevo, plasmado en un gran número de relevantes seres humanos con características especiales, con dotes y actitudes singulares, con nuevas funciones y una renovada afirmación del hombre y de los valores humanos en los diversos campos de las artes y de la vida civil.

“Solo el hombre no tiene una naturaleza que le determine y no tiene una esencia que determine su conducta. El hombre se crea a sí mismo por sus propias acciones y por tanto es padre de sí mismo”. 

                                           (Pico de la Mirandolla)

2 Replies to “EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO por Alfredo Pastor Ugena”

  1. Pedazo de artículo, señor. Es una biblia del Renacimiento en píldoras. Lo voy a guardar para momentos difíciles, en los que a uno le dan ganas de romper el carnet de ser humano.
    Transmite un respeto y admiración por los ideales de grandeza de ese pensamiento… Y los contagia.Felicidades y gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *