LUVINA O EL PURGATORIO DE LA CONCIENCIA por Rafael Ruiloba

El narrador le dice al otro que Luvina  es el cerro más alto y más pedregoso.  Un erial arrasado por el viento, un cerro, seco plagado de cal donde nada crece.  El aire negro arrasa con todo, raspando, arrancando hasta llegar remover los goznes de sus huesos. El narrador insiste en reforzar el carácter verdadero de su explicación; apela a los testimonios de otros (Dicen los de Luvina que de aquella barrancas suben los sueños)  le repite dos veces ya mirara usted ese viento; la verosimilitud de lo que dice puede ser confirmada, por lo que espera que el otro no rechace su verdad.( Ya lo verá usted )    La descripción del cerro es la de una realidad trascendente. ( Es el más alto y pedregoso) La tierra se desgaja por todos lados en barrancas hondas de un fondo que se pierde de tan lejano; el viento no deja crecer las plantas y  se le oye rasguñando como cuchillo sobre piedra de afilar)  En un texto de críticas  literarias recopilado por el mismo Juan Rulfo llamado Para Cuando yo me ausente  el crítico Felipe Garrido considera que Rulfo  trata temas arquetípicos que se encuentran en el meollo de los mitos más universales. En este caso Luvina es el arquetipo del centro, tal como lo describe Mircea Eliade en el simbolismo del centro.  Entre las características de este arquetipo es que frente a él  hay otro lugar que funciona como pasaje al infierno. La dualidad marca esta parte del relato; hay dos personajes imprecisos y  uno escucha y el otro habla; hay dos lugares; dos tiempos. El cerro tiene dos caras, el cerro y el pueblo  y la vida tiene dos caras; la viva y la muerta. El tiempo, un presente lineal y un pasado eterno y circular.   

 Al caracterizar el estilo de Rulfo Garrido nos dice que Rulfo tiene preferencia por la evocación y la alusión ( op. cit. 29) no obstante, en esta descripción del cerro Luvina Rulfo hace énfasis en la descripción.

Cerro de Luvina

Si seguimos esta hipótesis interpretativa, este contraste es significativo, pues de acuerdo a la teoría de Mircea Eliade en este primer bucle narrativo se está creando un arquetipo del centro. En todas las religiones se inician en  un cerro, como centro ritual y ceremonial, sobre todo en las religiones indígenas americanas por eso los españoles cambiaron sus nombres y les pusieron nombres de santos.  Por eso el pueblo se llama san Juan  de Luvina lo cual lo introduce en la sacralidad del centro de las dos culturas. Según Eliade en el arquetipo del centro “Dios ha comenzado a crear al mundo por el centro por el ombligo y desde él se ha expandido en todas direcciones”  En este caso el símbolo en Rulfo es al revés; Luvina no es el centro de la creación, sino el centro desolado de su destrucción; en este cerro  el cielo y la tierra se unen para aplastar el ruido del viento infernal que rasca la tierra. Esto ocurre desde el punto de vista de la conciencia del narrador. Jorge Ruffinelli   dice que en la mentalidad de los pueblos indígenas mexicanos las concepciones cristianas se unen con la mitología de los pueblos indígenas “ para un indígena alejado de la modernidad española, no existe infierno, ni paraíso como tampoco una frontera nítida entre la vida y la Muerte

 Veamos entonces si esta afirmación de Rufinelli es cierta. En varios textos de    La literatura de la aztecas ( 1963 ) recopilada por Ángel M. Garibay K. vemos que  a descripción del mundo desde sus cuatro puntos cardinales como la que  hace Rulfo de Luvina, la encontramos en un poema azteca “ Restauración del género humano destruido” . En un libro sobre la mentalidad Maya, encontramos las descripciones como las que Rulfo de Luvina  la tierra  Además Todos sus ritos se hacen en un cerro: En algunas lenguas  indígenas  cerro quiere decir altar  En un poema épico Quetzacoalt va en busca  de su padre, como Juan Preciado va en busca de Pedro Páramo.    En el poema de la conquista la imagen de los gusanos que pululan en calles y plazas es la imagen viva de la desolación, como lo son os comejenes en Luvina, los detalles positivos como las imagen de la mariposas también aparece en los poemas aztecas,  ende es verosímil la afirmación de Jorge Rufinnelli por lo que puede ser válida como de interpretación.            

Sergio Michilini, Luvina

 El segundo segmento o bucle narrativo se marca cuando un narrador no representado describe el lugar donde están antes de iniciar la ascensión a Luvina. Se introduce un contraste donde ellos están la naturaleza tiene vida, lo contrario de Luvina, que tiene dos caras: la del cerro y la del pueblo. La primera parte es la descripción del cerro, después la del pueblo.  Entre ambas parte se dividen por la descripción de una tierra viva ( El aire en los almendros, el río pasando sus crecidas aguas, los niños jugando ) Creando así  un contraste entre lo vivo  y lo  muerto. El narrador personaje vuelve a describir Luvina por medio de elementos esenciales, primero fue la tierra, luego el viento y ahora el agua. ( Si llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra además de de estar reseca y achicada como cuero viejo se ha llenado de rajaduras…) Cerros apagados como si estuvieran muertos. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar los ojos. Todo envuelto en el calín ceniciento)  ( Coronándolo con su blanco caserío como si fuera corona de muerto)  Luego de a descripción física continua con una visión afectiva   ( Luvina es un lugar muy triste, ) es el lugar donde anida la tristeza ) Dicen los de allí  que cuando llena la luna ven de bulto la figura del viento recorriendo las calles de  Luvina, llevando a rastras una cobija negra)

El contraste entre el mundo   muerto de Luvina se reitera con la comparación por contraste de la descripción del río, el rumor del aire y los niños jugando. La descripción se hace con las mismas palabras.  Parece que entre la primera comparación  vida/  muerte y la segunda, el tiempo no ha pasado. Es como si se alargara pero no transcurre, en la primera el tiempo  (Afuera seguía avanzando la noche) en la  segunda mención del río los niños jugando y la brisa tenue (Parecía ser muy temprano en la noche)  El narrador  ahora revela a su interlocutor silencioso una naturaleza dramatiza por el contraste entre la vida y la muerte el cual se refuerza con el contraste entre el que habla y el que oye, el  que ha ido a Luvina con su mujer y sus tres hijos y el que está a punto de ir.  El relato tiene como bisagra de continuidad la disposición de un personaje dispuesto  a hablar de su experiencia.  (Bueno le contaba que cuando llegue a Luvina por primera vez el arriero que nos llevó no quiso quedarse.) El arriero es la imagen mítica del barquero Caronte  que lleva a los muertos al infierno de la mitología griega. Es el mismo arriero que lleva al personaje a Comala donde todos están muertos, en su novela Pedro Páramo. En este caso lo importante lo destacable no es que Rulfo utilice el mito, sino como lo utiliza para renovar su perennidad, como lo utiliza para decodificar la naturaleza inhumana de su tiempo donde los hombres viven condenados repetirse en el purgatorio de la historia,  pero el relato lo va presentando como un descubrimiento para el lector.       

Ahora el relato inicia un nuevo bucle narrativo, la descripción del pueblo; primero  la plaza ( sola sin una sola yerba para detener el aire) la iglesia( Un jacalón vacío, sin tiendas, ni fondas para comer) la gente son solo ojos que miran por las rendijas. ( Míralas veo las bolas brillantes de su ojos pero no tienen que darnos de comer, me dijeron sin sacar la cabeza que en este pueblo no hay nada de comer ) Este es el segundo indicio, el primero era la temporalidad;  el segundo es que todo está muerto, que las personas son una sombra y si no tienen nada de comer entonces cómo viven.  Esto reitera la imagen simbólica de que Luvina es un pueblo crucificado, como si le crecieran espinas. Entonces la naturaleza adquiere un tinte sobre natural, primero es el viento ( Lo estuvimos viendo pasar sobre nosotros con sus largos aullidos ; lo estuvimos oyendo entrar y salir por lo huecos socavones de las puertas, golpeando con sus manos de aire las cruces del vía crucis, una cruces grandes y duras hechas con palo de mezquite que colgaban de las puertas a todo lo largo de la iglesia) El segundo elemento son los murciélagos; ( de grandes alas que rozan el suelo) después el murmullo sordo de las mujeres de Luvina,  (Sus figuras negras como el negro de la noche) El personaje continúa con el monólogo frente a su interlocutor, dándole pistas sobre la existencia del infierno, pero este  en todo el cuento no ha dicho nada; es la perspectiva del lector in fabula  que al leer  el cuento solo escucha al narrador personaje. El presupone que ha hecho una pregunta y él mismo la responde (“Me parece que usted me preguntó cuántos años estuve en Luvina.  La verdad no lo sé. Perdí la noción del tiempo desde que las fiebres me lo enrevesaron, pero debió haber sido una eternidad. “Nadie lleva la cuenta de las horas, ni a nadie le preocupa como van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban luego viene la noche, solamente el día y la noche hasta la hora de su muerte, que para ellos es una esperanza”  hasta este momento el lector comprende que Luvina es un cerro inferernal, coronado por un pueblo donde no hay nada en pie, ni nada para comer; un pueblo habitado por viejos y sombras, por fantasmas donde no hay jóvenes, símbolo de la renovación de la vida; por otra parte el narrador personaje le dice al hombre silencioso  que lleva en Luvina una eternidad.  El tiempo fuera de Luvina transcurre, es un devenir lineal;  en la primera alusión al tiempo dice “Afuera seguía avanzando la noche”; “Parecía ser muy temprano en la noche”  pero en Luvina el tiempo es cíclico como en el mito del eterno retorno  ) En este momento del relato el narrador ha degradado las ilusiones y las esperanzas; el viaje a Luvina del narrador es un viaje al infierno. La dualidad trágica de los apolíneo y lo dionisiaco; la división de la conciencia en  un tiempo sagrado por infernal y un tiempo lineal; la ubicación de dos espacios uno vivo y otro  muerto, su choque  crea un ambiente trágico.

Luvina o la furia de los cuatro elementos

  La invocación a Dios por medio del rezo y los rituales de la Iglesia pierden valor porque todos están condenados, sobre ellos pesa el mitema de la culpa, si bien la culpa es ancestral, la culpa de los habitantes de Luvina es la costumbre. Su única salida en la modernidad es la ayuda del gobierno, pero en Luvina “nadie sabe nada de la madre del gobierno”.   Que Rulfo conciba el mitema de la culpa como un motivo político: es un acto de ironía; entonces la hamartia  la falta sagrada imaginada por Aristóteles, en Luvina  no es contra de los hombres contra los dioses sino contra sí mismos. De esta manera el mito le da a Rulfo una poderosa metáfora política.  En este momento comprobamos lo dicho por Ruffinellin en cuanto que el relato se mantiene dentro del realismo, porque la realidad mítica expresa el sincretismo entre el cristianismo y los residuos de las cosmogonías de las culturas indígenas dadas por el narrador. En este momento del relato, se unen los valores del hombre que escucha en silencio; él que va para Luvina y el que regresa de Luvina. “Pero mire las maromas que da el mundo. “Usted va para allá ahora, dentro de pocas horas. Tal vez ya se cumplieron  quince años.  En este momento el relato del narrador se convierte en un rito, en una repetición, otro le dijo a él lo mismo que él le dice al viajero silencioso. Según Eliade  En el mito “lo que se hace ya se hizo”  Lo mismo sucede en  Luvina.   Ahora viene el final del bucle narrativo del cuento. Después de esta serie de reiterada de los valores míticos de Luvina, el lector  in fábula descubre que Luvina es el purgatorio, “ Pero aquello es el purgatorio”  donde los hombres purgan su falta sagrada, la costumbre, la inercia ante el poder, su falta de acción ante la condición de su vida.  “ Un Lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay quien le ladre al silencio, pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que allí sopla no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades”  y eso acaba con uno. Míreme a mí. Conmigo acabó. Usted que va para allá comprenderá pronto lo que le digo”  .Pero  el otro no dijo nada y se quedó mirando un punto fijo donde los comejenes ya sin alas rondaban como gusanitos desnudos  “El hombre que miraba a los comejenes se quedó dormido” .

Luvina

 El final es susceptible de ambigüedad. Por un lado podemos interpretar que el hombre que cuenta es el mismo que oye.  El viaje y la ascensión tienen un valor psicológico que le asigna Freud y Jung.  El arquetipo del viaje implica la necesidad ideal del cambio, para el viajero que escucha, pero para el que habla Luvina es un cambio imposible, una corona de muertos, un cerro apagado donde los ideales y los sueños se consumen sin ninguna esperanza.  La ruptura, la dislocación de la temporalidad que hay entre el antes y después de la ascensión a Luvina es una forma de decirnos que Luvina es el purgatorio donde los hombres están condenados a repetirse; porque son  parte de la tragedia del tiempo. Por otra parte si el que habla y el que escucha, quienes no aparecen descritos en el cuento, porque  viven la misma situación síquica ubicados en dos dimensiones del tiempo: un antes y un después,  no son dos personajes distintos, el relato es una advertencia de que Luvina es el purgatorio de las almas y quien habla es el barquero del mito  que los lleva a la muerte, tal como sucede en los otros relatos de Rulfo como La noche que los dejaron solo, Paso del Norte, No oyes ladrar los perros; la herencia de Matilde arcángel; el viaje es el de la desilusión y la muerte.  La falta del viajero es buscar una esperanza en un mundo condenado, cuya modernidad es la indiferencia del gobierno y su pasado es la repetición infinita de la desesperanza.  Esta no es más que la metáfora de los exiliados de cualquier lugar.   Según Nahum Megged  el ve en los comejenes un símbolo de la degradación de los elevados ideales.

En ambos finales el  mito repite la angustia y la desesperación de  los  hombres  condenados   por  la historia por  no hacer nada para redimirse frente a ellos mismos por la inconciencia o la estupidez humana. Ahora la culpa sagrada del mito de Zegreo, no es el vacío simbólico del padre, la nueva culpa sagrada es por la degradación de uno  mismo,  la nueva angustia, no se centra en la nueva manera de creer o de ser piadoso, sino en  la manera de existir; la culpa sagrada es la inconciencia o la estupidez humana, donde el saber o la verdad expuesta del personaje que habla no purifica la vida del que oye,  porque no le escuchan; la culpa es por no hacer nada frente a la historia. El cuento como rito advierte al otro de la existencia de un mundo sin valores, de un purgatorio en la tierra, de  una tierra crucificada a donde se dirige,  pero el otro recae en la falta de conciencia; el final del cuento indica que en Rulfo sustituye la hamartia o falta sagrada de la mitología griega, por una nueva falta,  la falta de conciencia o la estupidez humana  y esto hace que la historia se repita, como el viaje perpetuo  al purgatorio de la conciencia en busca de verdad humana; aquí sucede como Dice Luis Harrs( 1966)  en Los nuestros todos son culpables porque se han despojado de su humanidad [1]   

 

 

[1] Nahum Megged, Más allá de las palabras Jornadas 108 ediciones del colegia de México p 139)
[1] Luis Harss Los Nuestros Editorial Suramericana, Buenos Aires Argentina. p 1977 p 321.  
[1] Luis Harss Los Nuestros Editorial Suramericana, Buenos Aires Argentina. p 1977 p 321.   

3 Replies to “LUVINA O EL PURGATORIO DE LA CONCIENCIA por Rafael Ruiloba”

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