CAÑADA DEL HOYO. A LOS PIES DE SU CASTILLO BURBUJEAN SUS LAGUNAS UNIVERSALES” por Miguel Romero

Tierra de Cuenca, camino de las Serranía Baja, en esa carretera Nacional que comunica Córdoba con Tarragona y que pasando por esa ciudad de las Hoces, te va a llevar hacia Teruel como paso intermedio. Cuando has cruzado algunos pequeños pueblos históricos, no más de una treintena de kilómetros desde la capital, te desvías hacia un lugar que el letrero anuncia como Cañada del Hoyo y sus Lagunas.

Estás en la vega del Guadazaón, adviertes una cañada que antiguamente fue paso obligado de las columnas romanas camino de Emérita y Cesaraugusta. Era la vía 31, la que se abría en dos caminos, uno hacia Valdemeca y otro hacia Tierra Muerta. Después, el cruce de trashumancia te hace lugar de paso con abrevaderos, tres por más señas: Milano de Arriba, Milano de Abajo y del Moral, en lo que bien se llama la Cañada de los Oteros. Ahí está el Hoyo, ese lugar de amplia vega, ricas aguas y la corrida del Guadazaón, el río moruno por excelencia.

Naturaleza. Foto: Carlos Morcillo

Este lugar es Cañada del Hoyo, término que define en toda su extensión el contenido mediático de su emplazamiento e historia. En una cañada, bien alimentada por las aguas del río ya citado y además donde el pasto abunda para cría de una ganadería lanar venida a menos por el tiempo; luego, sus Oteros que la definen y al final el Hoyo donde se almacenan rentos, tierras de cultivo, aguas y manantiales y entre sus divisas, el pino y el agua en bellas lagunas de ensueño.

El caserío es digno, pues lo cuidan y mantienen. Aquellas casas de mampostería, encaladas y con alguna rejería expuesta, ahora, han dado paso a otro tipo de construcción donde la piedra y madera cubre espacios para hacer renacer la estructura serrana en edificación tradicional que tanto se añora. Es un pueblo austero pero acogedor, por sus trazado y por sus gentes.

Iglesia de Cañada del Hoyo

Pero aunque circules luego en el caserío por la Plaza de Abajo, la de Arriba, donde está el Ayuntamiento y esa fuente hermosa, el interés va subiendo al seguir por la calle San Cristóbal y bordees el lavadero para, llegando nuevamente a la plaza, ahora llamada Mayor, te acerques con disimulo a esa iglesia con pórtico de antaño que, luego en el XIX, el gran maestro Aldehuela trabajara dentro porque la Virgen de las Nieves le bendijera.

Castillo de Cañada del Hoyo

Es un buen lugar este de Cañada, lo es desde tiempos inmemoriales, porque lo dice su castillo del Buen Suceso, en la loma donde duerme el pueblo. Ahora, su gran torre del homenaje, llamada de Isabel II por su incidencia en la guerra de la carlistada, es el emblema de una fortaleza rehecha, por esa familia Recuenco, haciendo del lugar una envidia de la “alredorá”.

Nos dicen los papeles viejos, que este lugar de Cañada fue aldea de Cuenca cuando se repobló, después pasó a los señoríos de los Albornoz cuando Enrique II se lo confirmaría, para llegar a ser propiedad de los Marqueses de Cañete, aquellos Hurtado de Mendoza, quienes fueron los que le darían solera y renombre. Fue en las algarabías de Cuenca, entre Álvaro de Luna y los Hurtado y eso se puso fin al concedérselo en propiedad.

Y, ahora, en la modernidad, sales del lugar poblado, zigzagueas en carretera curvada y empiezas el paraíso del agua, envuelto en circulares lagunas, siete, que llaman dolinas en los libros como depresión propiciada por una fractura geológica, y que sirve de admiración al visitante por su forma, color y belleza.

El Tejo, Lagunillo del Tejo y la Cruz son las tres primeras que te reciben. En terreno público te advierten de su dibujo natural como una llamada a la evasión y el relax; luego, un poco más adelante y en terreno privado, cuatro te esperan ansiosas de que observes su color y su semblante rocoso: La Parra, la Llana, las Carderillas y las Tortugas. Aguas cálidas que sirven de hogar a tortugas, ranas y algún que otro pato despistado. La de la Parra es la más hermosa de todas, pero la de la Cruz o de la Gitana, advierte más atención por su leyenda, aquella que ensalza el amor como bandera del sentimiento libre y valiente.

Pues bien, amigos, no dejen de recorrer estos lugares de una Cuenca angosta, provinciana, pero bella, bellísima, en toda su extensión, graciando naturaleza con honestidad y humildad de unas gentes honradas. ¡Visítenlas que se acordarán¡

 

El Viejo. Foto: Carlos Morcillo

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