LA MEDICINA EN LA ÉPOCA DE LA ILUSTRACIÓN por Claudio Becerro de Bengoa-Callau

      El siglo XVIII, se va a caracterizar por la aparición de una revolución cultural, a todos los niveles, conocida como “La Ilustración”, que originó un cambio social, a nivel mundial, como resultado de las ideas innovadoras de los siglos precedentes. Erigiéndose la razón, como la facultad creadora del individuo, siendo la base fundamental de la  nueva corriente  de las ideas y a su vez también de “La Enciclopedia” francesa,  que representó ser el guardián de las ideas de La Ilustración. Dando lugar a la aparición de un  empirismo racionalizado, según Laín Entralgo, que supuso una mejora en la categoría social del médico, adquiriendo un nuevo papel   y prestigio los cirujanos. Siendo de  resaltar que en esa época se inauguran nuevos hospitales, observándose en ellos una mayor participación de los hombres en la asistencia a los partos, en manos femeninas hasta  ahora.  

Lámina del siglo XVIII

.     En el siglo XVIII, nacieron en España las Academias Científicas y entre ellas, la de Medicina. Pero a pesar de ello la opinión general, considera que fue una época de enorme decadencia intelectual y humanística. Tanto es así, que en el decir de Marañón: “Ni uno solo, ni uno de los médicos del primer tercio del XVIII, ha dejado un ápice de gloria legitima a la ciencia española”. Estando enfrascados en disputas disparatadas, sin acercarse  al pie del enfermo, para curarle. Dando lugar a que  gentes no médicas, invadieran su terreno, alcanzando en algunas ocasiones una reputación superior a la de los más conspicuos galenos, como es el caso de P. Rodríguez o el fraile Veruela, al que en su tiempo, le llamaron “Magister sine magistro” no siendo maestro de nada.   

     A pesar de que en dicho el siglo no se hiciese ningún progreso en el campo de la medicina, pero sin embargo en él fueron redescubiertos ciertas verdades terapéuticas, que ya habían sido conocidas por la medicina antigua.

Eduard Jenner

     El primero de ellos, fue la “inoculación·, ante la viruela humana. Que parece ser que dicha inoculación contra la viruela humana había llegado a Turquía, desde el lejano Oriente, donde había sido utilizada durante cientos de años. Según uno de los Vedas de la literatura hindú lo describía así : ”Póngase el fluido, procedente de las pústula en la punta de una aguja e introdúzcase en el brazo, mezclando el fluido  con la sangre se producirá fiebre, pero esa enfermedad será suave, y no debe de inspirar alarma”. En China dichas pústulas se inspiraban por la nariz pulverizadas. Ante la duda  de que en relación con la dosis, podía causar la enfermedad o por el contrario evitarla, una vez más, fue la propia medicina popular la que proporcionó la  clave  para que el riesgo se redujera, sin que se perdiese la necesaria protección o profilaxis. Fue un médico rural inglés, EDWARD JENNER (1798) quien por casualidad oyó a una muchacha granjera que se jactaba de que no podía coger las  viruelas  porque había tenido una infección de pústula de vaca, comprobada esa información en dos muchachos del pueblo con  todo éxito, éxito que no cabe duda, le hizo merecedor de ocupar un lugar destacado entre los héroes de la Medicina, ya que con él se inicia la época de la “Medicina Preventiva” profilaxis anti infecciosa, al haber observado, en las ordeñadoras afectadas por una enfermedad de las vacas, la vacuna, que eran inmunes a la viruela humana.   

Eduard Jenner tratando la viruela

     Un segundo descubrimiento fue lo relativo a la necesidad de una ” dieta equilibrada”, pues se observó que con motivo de los grandes viajes navales, a través de los Océanos Atlántico y Pacifico, en las que las tripulaciones se alimentaban escasamente tomando solo carne salada y galletas duras, careciendo totalmente de vitaminas, esenciales para la salud, que evitará el escorbuto. James Lind en 1757 puso de manifiesto, en su  publicación, que el escorbuto era el resultado de condiciones miserables de vida y de dieta inadecuada, sugiriendo que para prevenirlo había que dar a las tripulaciones  raciones de fruta fresca. El célebre capitán COOK lo experimentó en su viaje de tres años, por los mares del Sur, dando a sus marinos una ración diaria de jugo de limón, con total éxito.

James Lind con el Escorbuto
Jmes Lind

 

 Otro hallazgo, fue el descubrimiento de la enfermedad del tifus, sobre todo en el ejército, en donde cursaban con fiebres de diversa descripción y que gracias a la observación del General Médico del ejercito inglés, Sir John Pringle, en la  campaña de la década de 1740, observó que en los campamentos abiertos no solía presentarse, lo que le condujo a afirmar que efectivamente esa fiebre tifoidea, en muchas ocasiones era debida al amontonamiento de las personas, hacinamiento, ventilación inadecuada y malas condiciones sanitarias de los cuarteles, hospitales y prisiones.  

John Pringe

Igualmente en dicho siglo XVIII o “Siglo de la Razón”, se ve un revivir de la actitud hipocrática ante los trastornos mentales. Ya que los días de grandes  epidemias de histeria de masas había pasado. Las brujas dejaban  de causar alarma,  los cazadores de brujas y las creencias decos, en lugares distintos, que  se rebelaron contra el tratamiento dado a los alienados. En Inglaterra William Tuke, que fundó el “Retiro de York”, para mentalmente desequilibrados en 1792 y al año siguiente en Paris, Philippe Pinel, que era un hombre compasivo, pero su tratamiento se basó menos en consideraciones compasivas que en consideraciones racionales, lo que  le valió ser considerado como fundador  de la Escuela de Psiquiatría de Puertas Abiertas, o sea métodos humanos, sin tranquilizantes ni electroshocks.

  Debido a la resurrección de la antiquísima idea de la  gran importancia del cosmos en relación con la salud humana, dicho siglo también puede considerarse como LA EDAD DE ORO DEL OCULTISMO, DEL CHARLATANISMO o CURANDARISMO. En 1730  Joanna Stephens, con su pócima a base de caracoles molidos, cascara de huevo pulverizada, escaramujos y bayas quemados, jabón y miel, para las curas del cálculo biliar, consiguiendo por ello  la suma d 5.000 libras. Otro curiosos recuerdo fue el “LECHO CELESTIAL”, ideado por James Graham, construyendo un templo de la salud en Londres, según diseño esculapiano, con vírgenes vestales núbiles ligeramente vestidas para  cuidar a los pacientes.

Tratado de la vacuna contra la Viruela de Balmis y Jenner

  Otra peculiaridad de esa época fue la idea de que el dolor podía desterrarse del cuerpo, obteniendo una gran fama por ello el  Padre Gassner y sobe todo Frans Mesmer, que siguiéndole concibió la idea de  que el poder no radica en el individuo, sino que éste es un mero  medio a    través del cual  se transmite desde el cosmos la fuerza creadora. En realidad se trataba de un MAGNETISMO DE NATURALEZA ANIMAL, NO MINERAL. Culminó su éxito y fama en Viena, con haber conseguido que María Paradis, artista con gran talento musical  y desprovista de la vista,  desde la infancia, adquiriera la visión. Descubierta la trama, ultrajado, abandona Austria y se instala en Paris,  en donde el asistir a las reuniones de Mesmer se convirtió en una exigencia de la moda. En realidad, era la imaginación de los pacientes, en su estadio de trance lo que contaba, por lo que en realidad difícilmente se puede negar a Mesmer el merito correspondiente, aunque él no fuera consciente de la significación de su teoría

  Igualmente también contamos en ese siglo XVIII con otro descubrimiento que durante un tiempo tuvo algún impacto en la medicina y fue la teoría de que “lo semejante, cura lo semejante”, propuesto por Samuel Hahnemann, que él mismo lo describió como HOMEOPÁTICO. No cabiendo duda que jugó un buen papel en la paternidad de la INMUNIZACIÓN, ya que  su manifiesto coincidió el mismo año en que Jenner inoculó la vacuna a aquel muchacho para comprobar si le inmunizaba de la viruela.

Samuel Hahnemann

  Las creencias e ideas que habían sido aceptadas durante siglos, se pusieron en cuarentena y se buscaron  nuevas soluciones. Denominándose también “Edad del Humanismo” .Fue una época en la cual la profesión médica fue reconocida por su actitud cuidadosa y trabajo caritativo. Este fue un siglo en el que comenzaron los trabajos obstétricos científicos. Diferentes obstetras alcanzaron  renombrada fama, por sus contribuciones al arte de la obstetricia. Fue posible para una gran clarividente obstetra, como William Hunter, amasar una gran fortuna, ello sin embargo  no fue materia para evitar que trabajara y tanto su Atlas como el de su contemporáneo  William Smellie, (1697-17662) dejarán constancia no sólo de su inmensa industria sino también de su equidad para reclamar a los mejores artistas para ilustrar sus disecciones.

Philippe Pinel

    William Smellie, nace en Escocia, Glasgow y se va  Londres, se le considera maestro del arte de partear, en Inglaterra, conoció el efecto del raquitismo y también los tejidos de la pelvis. Otro fue William Hunter que introdujo variaciones del fórceps obstétrico (1718-1783) estudió la anatomía del útero gestante y del no gestante y del embrión. Ellos dos,  Smellie y Hunter establecieron las bases científicas para la obstetricia y ginecología en Gran Bretaña.

     Morgagni (1682-1771) descubre diferentes formas de patología ginecológica y F. Xawier Bichat (1771-1802) afirmaba que los cambios orgánicos en la composición de los tejidos causaban las enfermedades. Otros franceses importantes fueron ANDRE LEURE,(1703-1780) de París, que diseñó un tipo de fórceps y JEAN LUIS BAUDELOQUE (1748-1810) que desarrolló técnicas para medir los diámetros de la pelvis femenina.

CHT234668 Philippe Pinel (1745-1826) (oil on canvas) by Merimee, Anna M. oil on canvas. Musee d’Histoire de la Medecine, Paris, France

    En la segunda mitad del siglo XVIII es de destacar la recuperación por el interés en el diagnostico de las dolencias, observando los diferentes síntomas, como recomendó en su día, SYDENHAM en su valoración por la “Inspección” detallada  de cada paciente, haciendo ir a los médicos  de sus laboratorios a la cama de los pacientes. Con posterioridad el vienés LEOPOLD AUENBRUGGER (1761) ideó  otro método de exploración, que consistió en la “Percusión”, ya que observó que al golpear con pequeños golpes cortos y secos el tórax del paciente podía deducir lo que le ocurría, según la diferenciación de los sonidos. Método que no se generalizó hasta que lo difundió  CORVISART, médico de Napoleón, ya en el cambio de siglo. Que por cierto un discípulo suyo  RENÉ LAENNEC añadió a la “Percusión” el arte de la “Auscultación”, observando los sonidos sobre todo del corazón y pulmón mediante el estetoscopio, instrumento que sustituyó a la auroscopia o aplicación de la oreja del médico sobre la zona a explorar. Figurando esta contribución entre las ocho o diez mayores contribuciones a la ciencia de la medicina.

El mesmerismo

 

 

 

 

 

 

 

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *