AZAFRÁN Y FARMACIA (HISTORIA FARMACÉUTICA DEL AZAFRÁN) por Ángel del Valle Nieto

Leo, a modo de introducción, en el artículo Mitología y Farmacia, del profesor Folch Jou que <<la diosa Hécate, confundida en numerosas ocasiones con Diana, es la diosa que ejerce sus poderes sobre la naturaleza, aparta las plagas, cuida de la fecundación. Vive en la Colchida, país donde se crían plantas medicinales cuyas virtudes conoce perfectamente.

Entre los muchos nombres que se le atribuyen está el de Pharmakis, que en este caso significaría hada. A su culto, en la Colchida, se dedicaban los pharmakides, que se cuidaban de los jardines de sus templos y nos cuenta la leyenda que en el jardín que poseía a orillas del Phasis se cultivaban, entre otras plantas medicinales, el azafrán, la adormidera y la mandrágora>>.

Sea ésta la tarjeta de presentación histórica de nuestro protagonista.

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Azafrán

Varios han sido los productos aportados por Castilla – La Mancha a  la Medicina y a la Farmacia a lo largo de los siglos: el aceite de oliva, la miel, la cera, los mercuriales; pero ninguno ha tenido el protagonismo terapéutico del azafrán, nuestro azafrán.

Sí, ese Crocus sativus linneano que aporta sus estigmas a la Farmacología y que, en sí mismos, constituyen la droga denominada Croci stigma y que, como la planta, también recibe el nombre de azafrán.

Veamos su recorrido histórico.

El azafrán en la Antigüedad.

En la farmacopea sumerio-acadiana era ya conocido y empleado, entre otros, el azafrán. Algunas tablillas asirias enumeran centenares de vegetales entre ellos: el azafrán (karkanu).

Medicina en el antiguo Egipto usando el azafrán

En Egipto el arte de curar alcanza notabilísimas cotas y estaba encomendado a los sacerdotes que ya incluían el azafrán en su tesoro medicinal, que, con el nombre de Sangre de águila, aparece en un Índice hallado entre los documentos sagrados del antiguo pueblo egipcio y que data de unos 200 años a. de J. C.

El célebre Papiroes de Ebers (1600 a. de J. C.) contiene un centenar de materias odoríferas, entre las cuales se halla el azafrán usado en colirios, pomadas y emplastos para combatir las enfermedades ocurlares.

La fitoterapia en la India alcanzó, asimismo, una gran riqueza, citándose el azafrán como muy empleado en su cultura médica y usándose como medicamento con el nombre de kasmira jaunna.

Papiro Ebers
Isis con Stola tintada en color azafrán. Pompeya

Los griegos dieron a la planta del azafrán el nombre de krokis y sus flores son ya mencionadas por Homero.

Una de las formas farmacéuticas en las que con más frecuencia fue usado el azafrán por los griegos es la de colirio.

La Escuela de Alejandría (siglos IV-III a. de C.) aportó a la Historia y a la Ciencia farmacéutica tres de sus más célebres preparados: la Ambrosía de Zopiro, el Mitridato y la Triaca. Pues bien, en la composición de estos tres antídotos figura el azalas obras de Farmacia hasta los albores del pafrán y los dos últimos, han figurado en todas sado siglo XIX.

En Roma, el azafrán se llamó crocus. Allí se empleaba como droga medicinal, materia colorante y odorífera.

El fresco del Recolector-de azafrán son unos monos los que recogen las flores de azafrán en un paisaje rocoso Knossós 1600 aC imagen LOSVIAJEROS-COM.jpg

Plinio, (nacido el año 23 d. C.) por su parte, nos dice que es muy útil a la Medicina, y que aplicado con huevo disipa todas las inflamaciones, especialmente las de los ojos. Y que, asimismo, está indicado en las ulceraciones del estómago, vientre, riñones, etc., siendo particularmente útil para combatir la tos y la pleuresía, empleándose también como diurético, soporífero y afrodisíaco. (Por ello, se esparcían flores de azafrán en el tálamo de los recién casados en su noche de bodas).

Por su parte, el gran Dioscórides (siglo I d. J.C.) coincide con Plinio al afirmar que <<el azafrán bebido con vino impide la borrachera y estimula la lujuria>>. Añade que aplicado en forma de emplasto, mitiga inflamaciones y, en toques locales, los dolores de oído. No deja de destacar su elevada toxicidad.

Y llegamos a Galeno (130 d. J. C.). Él, precisamente, nos refiere el nacimiento del azafrán, tomándolo de unos versos de Philón de Tarsos. Según Galeno, el héroe Crocon o Croco fue invitado por Hermes (Mercurio) para jugar a lanzar el disco. Aceptada la invitación, Croco tuvo la mala fortuna de que el disco lanzado por su amigo le diera de lleno en la cabeza, muriendo en el acto. De la sangre que manó de su herida y que cayó al suelo, tomaron su color éste y las hierbas que de ella se impregnaron, naciendo de las mismas el azafrán, al que Mercurio le dotó de su brillo particular.

Médicamente hablando, Galeno lo considera como algo astringente y cita en su obra diversos preparados a base de azafrán como el purgante denominado hiera.

Del siglo II al IV, en la Galia, una especialidad médica parece haber tenido gran desarrollo, la del oculista. Éste poseía un sello en el que se mencionaban las substancias que formaban el colirio, entre las que no faltaba el azafrán .

Botica de la Edad Media

Edad Media.

Ya en el siglo VII, Pablo Aegineta  elaboraba un medicamento contra la podagra (la gota, especialmente cuando se produce en los pies) compuesto de azafrán y menciona otras fórmulas, también a base de azafrán, para preparar un emplasto contra la jaqueca.

El arte médico-farmacéutico se recogió, posteriormente, en las Etimologías de san Isidoro de Sevilla del siglo VII. Se refiere en ella a los remedios preparados con elementos vegetales y estudia las hieras, la triaca, los colirios, electuarios, preparaciones todas en cuyas fórmulas siempre entraba el azafrán.

Dentro de la Edad Media adquiere un relieve especial en las ciencias médico-farmacéuticas, el llamado período árabe.

Los árabes apreciaban mucho esta droga, que conocían con el nombre de zahafaran.

No es de extrañar que, en sus comienzos, estuvieran influidos muy poderosamente por griegos y romanos con los que coincidían al fijar los caracteres y virtudes del azafrán. Así, Avicena lo considera dotado de los mismos o semejantes caracteres que los indicados por Dioscórides y declara que su virtud es estíptica (de estreñir), resolutiva, digestiva y aglutinante y la de su aceite, excitante. Añade que resuelve la erisipela, pero que engendra dolor de cabeza y obscurece los sentidos.

Trataron sobre él, Serapión el Viejo (siglo IX), Mesué el joven (siglo X) y Serapión el joven (siglo XIII); concretamente el segundo de los citados, perpetuó un extraordinario número de preparaciones farmacéuticas con el azafrán como componente.

Abulcasis Zahrawi

La gran figura del período final del siglo X y primeros años del XI, es Abulcasis.  Y en su obra, al-Tasrif, trata, naturalmente, del azafrán,

La Edad de Oro de la farmacología musulmana coincide con la época de los primeros Taifas y es la de máximo esplendor de la ciencia en España: <<A mediados del siglo XI Sevilla era el paraíso de los poetas y Toledo de los científicos>>.

Entre las grandes figuras que cultivaron las Ciencias de la naturaleza y la Medicina, destaca Ibn al-Wafid de Toledo (1007-1074). Perfecto conocedor de Dioscórides y Galeno; entre su abundante producción destacan varias de sus obras que pasaron al latín o a lenguas romances.

El Libro de la almohada en Medicina, del que es autor, (es decir, de tenerlo siempre a mano) es una colección de recetas para la curación de enfermedades de la cabeza a los pies.

Al azafrán se le cita en 43 recetas referidas a su empleo en oftalmología, como remedio cordial y como estimulante sexual, tres de sus más clásicas indicaciones.

El azafrán fue un clásico entre los remedios cordiales citados por Ibn al-Wafid .

La siempre proclamada acción afrodisíaca del azafrán queda expuesta en estas dos recetas, curiosísimas, ya, desde sus títulos:

 

“Medicamento que fortalece el deseo sexual, cuando se ha debilitado a causa del frío y la humedad”

“Medicamento que refuerza el deseo sexual cuando se ha debilitado a causa del calor”

En el campo de la Farmacología, una figura destaca en el siglo XII, la de Abu-S-Salt Umayya (1068-1134). Matemático, poeta y médico y autor de Tratado de los medicamentos simples. En esta obra afirma que el azafrán <<fortalece el corazón y lo conforta. Es, en general, tónico de los órganos internos. Sin embargo, es necesario no excederse con él>>.

Manuscrito Al-Zahrawi Tasrif Abulcasis
Ibn Al-Wafid: agricultura árabe

Ya en la Baja Edad Media florecieron las primeras Universidades occidentales, así como las llamadas Escuelas Médicas  entre ellas destacaron brillantemente la de Salerno (Siglo X) y la de Montpellier.

La primera de ellas estableció su Regimen sanitatis, conocido como Régimen de la Escuela de Salerno. Trata, en verso, de las virtudes medicinales de gran cantidad de drogas, sin faltar una explícita referencia al azafrán:

El Crocus reconforta y dispone a la alegría.

Restablece el vigor de los miembros y del hígado.

En la boca desprende un agradable olor,

pero del amor ardiente él enfría el ardor.

 

Respecto a estos versos, comenta el profesor Folch Andréu <<que se había dicho que el azafrán era un buen afrodisíaco, hasta el punto que casi todos los autores de la Antigüedad coinciden en indicar […] que excita el coito; pero lo cierto es que esta acción afrodisíaca es nula o bien dudosa>> avalando, así, el último verso.

Pero la auténtica gran figura de la medicina hispana y europea de un borroso siglo XIII es sin duda, el autor valenciano Arnaldo, o Arnau, de Vilanova (h. 1240-1311), el más brillante representante de la medicina del siglo XIII.

De todas sus obras, la más farmacéutica es su famosísimo Antidotarium.  En él numerosas citas sobre el azafrán y que no son más que el exponente del papel preponderante jugado por esta droga a lo largo del devenir terapéutico de la Humanidad.

También contempla la necesidad de componer medicinas cuando se trate de mejorar o enmascarar sus caracteres organolépticos <<como el azafrán con el castóreo o la nuez moscada con la asafétida>>. Y, así, las propiedades aromatizantes del azafrán le hacen entrar en la composición de la confección llamada Subfumigante para escapar de la mortandad y a la que Vilanova considera <<un fumigante bastante perfecto, que va bien para escapar de mortandad y quitar la corrupción del aire>> y, asimismo, en el Fumigante en invierno y en una región fría, que <<va bien para el catarro, romadizo, tos, corrupción del aire y mortandad de hombre>>.

Árabes y el azafrán

En el siglo XIV la peste asoló a Europa. Los muertos se contaron por millones. Las medidas curativas y preventivas se multiplicaron, pero todo fue inútil: antídotos, purgantes, confortativos, fumigaciones, empleo de hierbas aromáticas, mascarillas para filtrar los ambientes impuros. No quedó ajeno el azafrán a esta batalla. Presente estuvo en antídotos, en electuarios cordiales y confortativos, en fumigaciones y, más específico, en las muy apreciadas píldoras de azafrán.

Alfonso de Chirino, médico de Juan II de Castilla y León, ya en pleno siglo XV, trata de las pestilencias y recomienda tomar unas píldoras de las que forma parte el azafrán, que, asimismo, recomienda “envuelto” en agua rosada para proteger los ojos en los casos de viruela.

Francisco Fernández de Villalobos, médico del Emperador Carlos I y de su hijo, el príncipe Felipe, se constituye en un verdadero puente entre la Edad Media y la Edad Moderna. Su obra Sumario de la Medicina está desarrollada en verso y, en ella, cita al azafrán al tratar de la <<córnea y sus pasiones>>, de las viruelas y del sarampión.

Retrato de Andrés Laguna en la Real Academia Nacional de la Medicina. Madrid

Edad Moderna.

 El Renacimiento supone un vuelco total en la línea del pensamiento del hombre y de su actitud ante Dios, la Naturaleza y él mismo.

Y aparece el <<hombre universal>>, el <<hombre renacentista>> en cualquiera de los campos del saber.

Es el caso, en niveles más relacionados con nuestro trabajo, del doctor Andrés Laguna (1489-1569). Anatómico, botánico, filósofo, farmacólogo, comentarista, políglota, gran médico. En 1555 redacta en castellano el Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los remedios mortíferos, obra que ha prestado un servicio fundamental a la Farmacología desde el siglo I de nuestra Era.

Del azafrán nos dice el doctor Laguna << que es muy útil a cosas medicinales. Bebido con vino paso, impide la borrachera; e instilado con leche humana en los ojos, reprime el humor que a ellos destila. Mézclase en los brebajes compuestos para fortificar las partes internas, y en las calas y emplastos que se ordenan para las indisposiciones del sieso y de la natura de la mujer. Estimula la lujuria, y aplicado en forma de emplasto, mitiga inflamaciones y es útil en las apostemas de los oídos. Sus raíces bebidas con vino paso provocan la orina>>.

El mediocre (moderado) uso del azafrán alegra, incita a comer y da gracioso color al rostro.

Fernando Fernández de Segovia, en su Manipulum medicinarum (1522) expone <<que en su época se ordenaba en saculis cordialibus en polvo y en ungüento>>; es decir, como cordial y confortativo.

Y cabe resaltar que en 1580 se señalan los medicamentos que las boticas de Sevilla debían tener cuando se declarase la peste y lo primero que se ordenaba era <<administrar la quinta esencia o extracción de azafrán, perlas y corales>>.

En el siglo XVII destaca la personalidad de Nicolás Lémery (n. 1645). Establecido en París después de aprender la Técnica Farmacéutica publicó su Traité Universal des drogues simples. En ella y al referirse a las virtudes del azafrán, le asigna el de ser <<cordial, pectoral, somnífero, anodino, alexitérico y aperitivo, empleándose en los alimentos y en los remedios para fortificar, para resolver y para dulcificar; se le mezcla en los colirios para la conservación de los ojos en la pequeña viruela; entra en muchos emplastos, pero su principal uso es para el interior>>.

Cuadro del siglo XVII, obra de David Teniers el Joven, un alquimista está agitando un crisol mientras ordena atizar el fuego a su ayudante

Es, sin embargo, Thomas Sydenhann (1624-1689) el que hizo un gran uso del láudano, incluyéndose posteriormente este preparado en las obras farmacéuticas con su nombre: láudano de Sydenhann. A él se atribuye su fórmula a base de opio y tintura de azafrán, composición recogida hasta tiempos muy recientes en la mayoría de las Farmacopeas.

Pero no podemos cerrar este siglo XVII sin destacar que en él se realizaron los primeros experimentos sobre administración endovenosa de substancias, y que lo que se inició como simple curiosidad experimentadora terminó alcanzando unos innegables fines terapéuticos. En ellos tuvo un especial protagonismo nuestro azafrán.

Uno de los químicos franceses más notables del siglo XVIII fue el farmacéutico Esteban Francisco Geoffroy (1672-1731).

En su obra Tratado de Materia Médica se ocupa del azafrán, tan en boga todavía en esta centuria. Así resume las virtudes que entonces se le atribuían: <<Muchos pueblos tienen el azafrán como excelente para sazonar las comidas. Se hace uso frecuente en Medicina y algunos médicos le han llamado Rey de los vegetales y Panacea vegetal a causa de sus grandes virtudes. Es aperitivo, digestivo, resolutivo y un poco astringente. Atenúa la masa de la sangre y recrea los espíritus. Es por esto que se le llama cordial y se prescribe en síncopes, palpitaciones y como antídoto. Fortifica el estómago, ayuda a la digestión, libra a los pulmones de una pituita demasiado espesa y apacigua la tos; por esto es el motivo que se le llama Alma de los pulmones y se emplea con fortuna contra el asma y la tisis. Quita las obstrucciones del hígado y cura la ictericia, remedia muchas enfermedades de la matriz y provoca la menstruación. Ayuda, de un modo específico, en los partos difíciles, haciendo salir los fetos>>.

Tal fe se tenía en el azafrán que se empleaba como amuleto, colocándole en saquitos que se pendían del cuello para quitar las viruelas.

En España brilla con luz propia la gran personalidad farmacéutica de Félix Palacios y Bayá (1677-1737). Natural de Corral de Almaguer se constituyó en figura  fundamental en el siglo XVIII al introducir en España las ideas farmacoquímicas de Lemery y publicar su Palestra Pharmaceutica Chymico-Galénica, primera obra sobre medicamentos químicos escrita por un español.

Felix Palacios dibujado por Pedro de Calabria e impreso en la primera edición de la Palestra pharmaceutica en 1706

La Palestra es muy amplia en su abanico farmacéutico y en ella queda recogido con la amplitud que merece, el azafrán y sus preparados.

Da, en primer lugar, recomendaciones para conservarlo <<en lugares medianamente secos>> y señala los vasos y recipientes que se han de escoger para su reposición, como <<Botes, redomas, Orzas, Ollas, Tazas, Cajas, Sacos, Espuertas>> , mencionándosele en  numerosísimas composiciones: jaleas, looch, jarabes, electuarios, confecciones, hieras, polvos, trociscos, píldoras, aceites, bálsamos, ungüentos, emplastos, ceratos, aguas, espíritus, láudanos, extractos, tinturas, elixires.

En muchas más obras y por más autores se siguen citando composiciones  del azafrán aunque al finalizar este siglo XVIII, su número empieza a disminuir, desde los 160 que se citan en la Farmacopea Universal de Lémery, hasta solo los 8 que aparecen en la Pharmacopea Hispana de 1794.

Sánchez Albornoz. Madrid, 7 de abril de 1893-Ávila, 8 de julio de 1984

Edad Contemporánea.

La Edad Moderna se ha llevado entre sus años, entre sus libros y entre sus Farmacopeas, el protagonismo terapéutico del azafrán y, así, en 1879, Sánchez Albornoz afirma textualmente que <<hoy en día ha perdido mucho, en cuanto a su importancia medicinal, por haber resultado ilusorias todas las virtudes que se creyó que tenía>>. Se rechaza, pues, todo el valor terapéutico del azafrán y sólo Couvet defiende su empleo, bajo el nombre registrado de Jarabe Delabarre, como agente atenuante de las crisis dentarias de la primera infancia.

Y es escaso el valor que se atribuye a las virtudes terapéuticas del azafrán en comparación con las que le concedían los médicos de siglos anteriores. Y así queda demostrado en el estudio comparativo de los preparados admitidos en las Farmacopeas: <<Contamos 15 en la III edición de la Hispana (1803) y 4 en la IX (1954).

Sin embargo, es fuente de investigaciones médicas, farmacológicas y biológicas a partir, eso sí, de sus principios activos.

Sí, definitivamente, la Medicina, la Farmacia y el Crocus sativus L. el Croci estigma, prosiguen sus luminosos caminos de servicio, pero ya no coinciden…

A nuestro bello azafrán manchego, regalo de los dioses, sangre de águila, oro rojo, panacea vegetal, rey de los vegetales, alma de los pulmones, le contemplan seis mil años de Historia. En tal largo periplo se ha venido empleando en oftalmías, como estimulante sexual, aperitivo, estomacal, cordial, emenagogo, etc., etc. Ya no, pero seguirá tapizando por siempre con sus pétalos de lágrimas los nobles suelos de nuestra región.

La Monda de la rosa del azafrán en Madridejos, Toledo

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