NUNCA VOLVERÉ CUANDO ME HAYA IDO

NUNCA VOLVERÉ CUANDO ME HAYA IDO

JOSÉ MANUEL CARCASÉS

(EDITORIAL SARGANTANA, 2016)

José Manuel Carcasés

 

Por Almudena Mestre Izquierdo

Actualmente algunas novelas se sitúan dentro de la episteme moderna condición sine qua non se puede encuadrar dentro de la posmodernidad y ese es el caso de la novela Nunca volveré cuando me haya ido (Editorial Sargantana, 2016) donde su autor, ofrece al público una parodia de la sociedad actual. Un excelente periodista, un lector empedernido y un intelectual de nuestro tiempo como es Carcasés, nos muestra una visión del mundo desvanecida y fragmentada, una imagen de la realidad, actual convertida en simulacro. Una historia seductora y apasionante, acompañada de la mano del personaje principal Séfora, una niña de 7 años que descubre las falsas verdades que se suceden diariamente en un universo ficcional de infidelidades, guerras, odios, angustias ocasionadas por la autodestrucción y el aniquilamiento del propio hombre. Una novela existencial enclavada en la búsqueda de la propia identidad del hombre y del sentido de la vida. El azar, el destino y la causalidad conducen a Séfora a descifrarlas claves enigmáticas que le propone como si de un juego se tratase su abuelo Moisés, un anciano desaliñado que resurge de la sombra; él se presenta de improviso ante una familia rica con la suya, con grandes prejuicios sociales y desequilibra el entorno familiar.

 

Una trama de tipo social dentro de una estructura narrativa dividida en dos partes bien diferenciadas, las causas y las consecuencias. Principalmente en la primera parte se detectan influencias, abundantes citas, alusiones y referencias literarias y religiosas a distintas partes de la Biblia, básicamente del Antiguo Testamento. Un decálogo en toda regla que el narrador omnisciente en grado sumo, en tercera persona con una alta capacidad de inmiscuirse en la narración, va relatando a lo largo de una serie de acontecimientos que desembocarán en la segunda parte llamada consecuencias. Una estructura narrativa que el autor, un genio sin duda de la técnica del monólogo interior, nos adentra en un mundo narrativo de experiencias y sucesos visionados y comentados en la mente infantil de una niña que camina de la mano de su abuelo Moisés. El abuelo, un sujeto fragmentado por las emociones y la distorsión de la realidad aparentemente invadirá de un modo mágico la mente de su nieta conduciéndola a percibir el mundo de una forma diferente en donde el autor se servirá de diferentes juegos ficcionales basados en las oposiciones binarias predominantes en la trama utilizando un lenguaje culto y variado.

Séfora, un personaje itinerante, en medio de una familia acomodada, ambientada en la opulencia y riqueza es seducida por los planteamientos vitales de su abuelo Moisés que interpela y revoluciona el núcleo familiar formado únicamente por su nieta y sus padres. Se distrae la atención del lector mediante juegos psicológicos y lingüísticos mezclados con expresiones jocosas e irónicas que provocan muchas veces la pérdida del sentido del mundo absorto en entresijos y extrañas relaciones sociales, una red rizomática donde arrastrar al lector a una búsqueda del conocimiento de lo genuino, lo importante y lo esencial de la vida. Una red flexible de juegos del lenguaje que atrapa al propio yo y nos enfrenta con la alteridad, respondiendo con el mismo temor e inseguridad que acucian a la sociedad actual.

 

Una falta de identidad planteada desde el principio de la novela producida por el raciocinio ilógico de Séfora y el desconcierto por parte de sus padres ante el desconocimiento de la faceta adulta a la que había llegado en una etapa temprana de la niñez. El tiempo que establece el autor a lo largo de su trayectoria narrativa es lineal y causal recordándonoslo desde el comienzo de la novela mediante locuciones adverbiales; no obstante, aparecen los recuerdos y la añoranza, la pérdida y la nostalgia del “ayer” produciendo ondulaciones temporales que retoman el pasado y producen un efecto estético en la obra narrativa de Carcasés.

Una novela metaliteraria, caracterizada por la lectura y la reflexión de los propios Libros Sagrados, la Biblia, el Antiguo Testamento y el Nuevo en la que, el autor intenta que nos sumerjamos en los textos religiosos y paseemos por un mundo espiritual entre puentes y pasadizos secretos que esconden los interrogantes planteados desde el principio. Séfora abstraída en su lectura obsesionada de La Biblia, basa su reflexión en un principio en la búsqueda en el Antiguo Testamento de los Diez Mandamientos que se corresponden con los diez capítulos en que los que se compone la primera parte “Causas – Decálogo en un año”. Sin embargo, se produce un giro epistémico en la segunda parte de la novela en la que Séfora abandona radicalmente la lectura de dichos pasajes de La Biblia y cambia de actitud. Su estado de ánimo disminuye y se siente abatida, abandonada y desmoralizada por las enseñanzas tan estrictas de la religión. La Biblia, el libro sagrado que ella pensaba que sería su salvación no consigue sacarla de dudas y cambia el Decálogo que había leído por otro, hecho a su medida para huir definitivamente de ese libro que la atormenta y de casa de sus padres e inicia un viaje sin retorno.

 

En un mundo de fingimiento, duda e incertidumbre de los personajes resurge la ficcionalidad mediante diálogos convencionales entre las dos parejas de personajes, es decir, abuelo y nieta por una parte y los padres de Séfora por otro. En definitiva, se plantea a lo largo de la novela un modo de percepción la realidad desde el propio pensamiento de cada personaje. Distintas realidades posibles tratarán de salir de su realidad mundana de acuerdo con Borges y unificadas en torno a los hilos que teje el narrador omnisciente.

Existe una pérdida de la inocencia infantil originada por el descubrimiento de las pesquisas que Moisés propone a su nieta. Así vemos la existencia de un código narrativo epistémico referido a la búsqueda de las pistas de la tercera y cuarta generación en la lectura y análisis de la Biblia. Un enigma que induce a caer en un mundo de fantasía creado por la propia Séfora y autenticada desde el comienzo hasta el final mediante la resolución enigmática de esos jeroglíficos propuestos a modo de juego. Existen rasgos de intertextualidad que recuerdan a la eterna la búsqueda en lo sagrado en un sinfín de libros. En cuanto a los códigos narrativos que se aprecian en la novela vemos dentro del axiológico, la búsqueda que realizan los personajes a lo largo de la trama. Un viaje físico de ida y vuelta que realiza Moisés en busca de compartir experiencias con su única familia y otro marcado al final de la novela caracterizado por la huida misteriosa y repentina sin retorno de Séfora, escapando de la casa de sus padres. Realmente son recorridos iniciáticos que implican aumentar el conocimiento y crecimiento personal de los propios personajes que, de manera muy sutil, Carcasés utiliza para acercarse a la realidad subjetiva experiencial de la niña. ¡Hasta podría decirse que forman una pareja de “dobles”, el abuelo Moisés y su nieta Séfora, conectados por mundos paralelos misteriosos, semejantes a los pozos semánticos de Murakami!

 

Un escenario ambientado en Madián, una gran ciudad – como diría Roland Barthes, una ciudad ficcional creada por el propio autor, una trama enclavada en la Teoría de los Mundos Posibles de Doležel con un entorno natural semejante al mundo natural de los seres humanos. El código narrativo alético se percibe claramente cuando nos paseamos y nos sumergimos en la segunda parte de la mano por el inframundo de Madián, aquel que le produce una situación angustiosa y desesperante ante la incoherencia de sus padres y ante la cual, se escapa y busca de soluciones que le permitan descifrar los dilemas planteados por su abuelo. Atrás quedan las suntuosas avenidas y los grandes almacenes que Séfora conocía y poco a poco descubre los detalles de la ciudad donde todo parece perder su brillo, su luminosidad, su brillo. Aparecen ante sus ojos los mendigos, los vagabundos y la oscuridad de la noche, cuadros costumbristas típicos de Martín Santos o de Cela.

¡Y cómo olvidar y pasar por alto las normas sociales que se expresan en el texto narrativo! El código deóntico descrito por Carcasés nos induce a visualizar las imágenes derivadas de unas normas sociales establecidas tanto familiares como las originales en la vida escolar de Séfora. Una serie de convencionalismos sociales surgen en el meollo de la novela originando el desprecio y la rabia hacia ese tipo de normas por parte de la niña.

José Luis Carcasés en la Feria del Libro de Madrid.

Una novela plástica y visual como Nunca volveré cuando me haya ido nos conduce por las calles de Madián, una ciudad ficcional imaginaria e inventada que, sin duda, determina los pasos de los protagonistas. Un recorrido por los polos opuestos de la ciudad en la que son inevitables las imágenes cargadas de expresividad. En la primera parte de la novela, aparecen las calles y los lugares de alterne y reunión de la clase alta socialmente hablando para pasar a continuación, a los barrios más pobres situados a las afueras. Un binomio social ambientado perfectamente por el autor con el fin de criticar nuestra sociedad actual, tal vez, diseño de las grandes ciudades capitalistas de occidente. Miradas diferentes de la realidad por la que atraviesa la mente infantil, un dibujo que provoca en la niña desconcierto e incoherencia mental ante las farsas y mentiras que la propia vida le enseña.

 

En un efecto estético de la obra se produce una especie de anagnórisis por parte de Séfora; su pasado se convierte se revela y realmente descubre su origen y descendencia familiar; su perspectiva de la realidad y sus pensamientos se anclan en la tristeza, en el vacío, en la nada. No obstante, Séfora experimenta sensaciones opuestas en los fragmentos de su realidad, donde convergen alegría-tristeza, risa-llanto, arraigo familiar-soledad en la vida, en ese tránsito fuera de su casa. El sueño se apodera de ella y encuentra placer y descanso sumergiéndose por completo en los avatares oníricos, un recurso sin duda muy borgeano. Sin embargo, resucita del letargo, abre los ojos y despierta, comprueba que necesita seguir viviendo y únicamente desea la felicidad, expresada de forma contundente al final de la novela.

 

¿Cómo construye el pensamiento el autor a lo largo de la novela? Para entrar en el mundo infantil de Séfora tendremos que descender a un nivel más pensamiento más simple y sencillo, percibir la mirada de la niña tal y como ella lo hace y adecuar nuestros patrones y formas de pensar a las suyas. De esa forma cambiaremos las reglas de juego y nos introduciremos en las fantasías que atraviesan su mente en la cual, se muestran signos de curiosidad y descubrimiento. En realidad, se puede concluir que la novela es una Bildungsroman, es decir, de aprendizaje de la felicidad que, en definitiva, es lo que busca el autor desde el principio desde una posición crítica de la sociedad, la religión, la economía, la vida política y cultural. El poder sin duda es el motor que mueve esta sociedad tal y como opina Michel Foucault y Noam Chomsky, ambos pensadores críticos que se interrogan orden social acerca de cómo el poder opera en nuestra sociedad. Es indiscutible en ambos autores y en el entramado narrativo que organiza Carcasés en su novela que el conocimiento y el poder son inseparables, uno conlleva inevitablemente a lo otro. Surge la figura mítica mediante la figura anecdótica de Moisés como iluminación y El Diluvio universal en la última parte del libro donde el autor deja el final inconcluso, de forma que exige inconscientemente una respuesta interpretativa a los planteamientos filosóficos y religiosos que Carcasés propone estableciendo de ese modo, un pacto narrativo entre autor y lector y haciéndole cómplice al último, transformándole a su vez, en autor del propio texto.

 

 

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