EL PARQUE EL CAPRICHO Y LOS ENTRESIJOS HISTÓRICO-LITERARIOS: LOS SALONES LITERARIOS DE LA DUQUESA DE OSUNA, por Almudena Mestre

Por la Corte se paseaba pensativa la Duquesa de Osuna (1752-1834), una de las damas más populares de la época del romanticismo español, pensando cuál sería su deseo inmediato por satisfacer en aquellos años esplendorosos de majestuosidad y elegancia. Su ingenio y maestría, sus ganas de relacionarse con la nobleza del momento le llevó a diseñar en su mente un bello lugar de recreo y descanso y por qué no menos decirlo, de fiestas y banquetes, de actividades lúdicas de alto nivel con la sociedad de su tiempo. ¡Cómo podía imaginar María Josefa Pimentel, Duquesa de Osuna que, en cuestión de unos años sus fantasías se convertirían en realidad y el Parque “El Capricho” sería una villa de recreo y festines de la alta alcurnia por el que discurriría la música, la poesía, el baile….! Casada Doña María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel y Téllez-Girón con el IX Duque de Osuna, don Pedro Téllez Girón y Pacheco, el 29 de diciembre de 1771 fue una gran mujer de su tiempo con ciertas características principales tales como el coraje, la fuerza y la energía que se sumaban a grandes inquietudes intelectuales y sociales, una potente inteligencia y amplia cultura. En 1783 los Duques de Osuna compraron una casa de recreo, con huertas y árboles frutales situada en la Villa de Alameda, lo que hoy, se denomina La Alameda de Osuna.

La familia de los Duques de Osuna. Óleo de Francisco de Goya

 

La Duquesa, María Josefa Alonso Pimentel era una mujer poco común en su tiempo, con gustos deliciosos y exquisitos que llevaba hasta sus últimas consecuencias. Amante del arte, de la literatura, de la poesía, de la música, y, de los avances y novedades en París de los cuales siempre se mantenía perfectamente informada por sus ayudantes en el extranjero. En breves palabras, “Una mujer inteligente, culta y con una enorme sensibilidad”.

María Josefa de la Soledad, Duquesa de Osuna, o La Condesa Duquesa de Benavente (1785). Óleo sobre lienzo. 111 x 80 cm. Colección B. March (Palma de Mallorca, España).

Fue una mujer audaz y capaz de mantener uno de los salones más frecuentados de la corte en los que tomaban parte personajes de gran renombre y categoría tales como Moratín, Jovellanos, Don Ramón de la Cruz, Goya, Boccherini, etc. La Duquesa, la salonière o anfitriona se convirtió en la personificación de los aristócratas ilustrados del S.XVIII, una de las mujeres más importantes e influyentes de la nobleza española. El jardín era una belleza inusitada, llena de glamour y encanto; el Palacio, una joya artística que poseía una magnífica biblioteca con libros importados de Francia ya que el duque tenía la licencia para leer los libros prohibidos en España.

El Aquelarre. Óleo de Francisco de Goya

 

Fue mecenas, protectora y la dama que inspiró a músicos, literatos, artistas y pintores; el primero de ellos y más conocido fue Goya con el que siempre mantuvo una excelente y estrecha relación. La duquesa adquirió las primeras carpetas de los grabados “Los Caprichos”, y encargó a Francisco de Goya cuadros de gabinete como hoy en día se pueden en el Museo Lázaro Galdiano, tales como “El aquelarre” y en el Museo del Prado, “Vuelo de brujas”. También le hizo a la Duquesa un famoso retrato según la moda francesa que inició María Antonieta en París. Por supuesto, Goya retrató a la Familia Ducal en uno de los cuadros de gran tamaño que hoy en día permanece al igual que “El aquelarre” en el Museo de Prado. Goya pintó un conjunto variado de lienzos, “La cucaña”, “La caída”, “El columpio”, “El asalto a la diligencia”… con gran colorido y gracia, que forman parte de la colección y patrimonio de Los Osuna en La Alameda. Todos los cuadros que pintó Goya se hicieron justamente para la estancia en el Palacio. En los fondos de los lienzos se pueden apreciar edificios de La Alameda o lugares cercanos como la iglesia “La procesión de aldea” o lo que hoy se llama, la iglesia de Santa Catalina de Alejandría y también podría verse a lo lejos, un castillo, tal vez el de La Alameda de Osuna en ruinas. Según se sabe, al morir la duquesa en el Palacio existían 23 cuadros de Francisco de Goya de asuntos campestres, de brujas, de escenas de estaciones y de escenas costumbristas. Principalmente estaban colocados en la biblioteca de palacio y en el Salón de la Condesa (como se denominaba) o gabinete de países. Todavía existen hoy en día diferentes hipótesis sobre la colocación de los cuadros en dicho gabinete debido al tamaño de los muros, la situación de los huecos y los temas de los lienzos.

Leandro Fernández Moratín

Como buen ilustrado, Moratín compartía con Goya un amplio sentido crítico de los defectos de la sociedad del momento; entre ellos existía gran amistad y cierto paralelismo entre los fines teatrales de Moratín y los Caprichos de Goya. Moratín fue retratado por el pintor en el verano de 1799 siendo el cuadro de estilo sencillo y romántico, con cierto matiz psicológico el estudio que hace Goya del escritor. Moratín muere en París en junio de 1828, dos años después de Goya y deja en su legado testamentario que el retrato pase a manos de la Real Academia de San Fernando de Madrid, hecho que tuvo lugar en diciembre de ese mismo año.

 

Ramón de la Cruz

D. Ramón de la Cruz gozó de la protección del duque de Alba y de la condesa de Benavente, para cuyo teatro privado compuso varios sainetes, así como para su hija, la duquesa de Osuna. Publicó en 10 volúmenes “Teatro o colección de sainetes y demás obras de don Ramón de la Cruz” (1786-1791). Tomás de Iriarte (1750-1791) fue un caballero ilustrado que vivió según los valores ideológicos y compartió con la duquesa un gran entretenimiento, la música de cámara en privado en la que él tocaba el violín o la viola. Regido siempre por la estética del buen gusto.

Entre los susurros del parque todavía vaga la sombra de María Josefa Pimentel; su propio “capricho”, su propio delirio y su propio sueño incita a imaginar a Francisco de Goya retratando a la propia condesa-duquesa y según se pasea por el parque o jardín, como se quiera llamar, se recuerda detrás de cada árbol a D. Ramón de la Cruz ensayando con Boccherini alguna de las óperas que se representaron en el teatro de aquel palacio. Hoy en día, es un remanso de paz en donde abundan los lilos y los árboles del amor que proporcionan un hermoso colorido primaveral al jardín.

La fuerza y el empeño de la duquesa hicieron que su deseo fuera tan real como la vida misma. Rápidamente se compró el terreno en la villa de La Alameda, lo que hoy en dia se encargó a un arquitecto Pablo Boutelou el diseño del famoso jardín, curiosamente el mismo que hizo el proyecto de los jardines del Palacio de Aranjuez. Pero la fortaleza de la duquesa impidió que el proyecto se llevara a cabo en toda su plenitud contemplándose así una sola parte de él. Le sucedieron dos jardineros más, Mulot y Prévost, a los que la duquesa les contrató con las únicas condiciones de no servir a nadie más y volver a Francia nada más terminar su trabajo en el Jardín del Capricho. La duquesa contrata a grandes genios de la escenografía como el milanés Tadey, arquitectos de gran renombre entre los que Medina, Machuca y Arnal cuentan con los primeros puestos para colaborar y trabajar con escultores, pintores, ebanistas…en ese Jardín de Leyendas que se sitúa a las afueras de la capital.

 

Hoy en día, posee la misma belleza y armonía que la condesa-duquesa le quiso dar hace dos siglos, repleto y adornado con praderas y paseos sombríos en donde se observan notables ejemplares de robles, pinos, cipreses, tejos, cedros, plátanos y castaños de indias. Además de la flora que rodea y embriaga el propio Parque El Capricho, destaca una fauna muy variada, destacando entre las aves: mirlos, palomas torcaces, pitos reales, herrerillos, petirrojos, ruiseñores, ardillas rojas, musarañas, ratones comunes y ratones de campo.

La primavera florece en este hermoso Jardín en donde todavía se recuerdan poemas de Gaspar Melchor de Jovellanos o de Leandro Fernández de Moratín.

 

Sentir de una pasión viva ardiente

todo el afán, zozobra y agonía;

vivir sin premio un día y otro día;

dudar, sufrir, llorar eternamente;

 

amar a quien no ama, a quien no siente,

a quien no corresponde ni desvía;

persuadir a quien cree y desconfía;

rogar a quien otorga y se arrepiente;

 

luchar contra un poder justo y terrible;

temer más la desgracia que la muerte;

morir, en fin, de angustia y de tormento,

 

víctima de un amor irresistible:

ésta es mi situación, ésta es mi suerte.

¿Y tú quieres, cruel, que esté contento?

 

 

 

LA DESPEDIDA

Nací de honesta madre: diome el Cielo

fácil ingenio en gracias, afluente:

dirigir supo el ánimo inocente

a la virtud, el paternal desvelo.

 

Con sabio estudio, infatigable anhelo,

pude adquirir coronas a mi frente:

la corva escena resonó en frecuente

aplauso, alzando de mi nombre el vuelo.

 

Dócil, veraz, de muchos ofendido,

De ninguno ofensor, las Musas bellas

mi pasión fueron, el honor mi guía.

 

Pero si así las leyes atropellas,

Si para ti los méritos han sido

culpas; adiós, ingrata patria mía.

 

Cada rincón del parque nos recuerda a los artistas y poetas ilustrados que vieron crecer el Jardín y alimentaron el espíritu de la época alrededor de la duquesa, en los que se unificaron la belleza, la grandeza y la singularidad de un esplendor literario y cultural para representar la fiesta, el juego, el amor y el afán por la naturaleza. En sus 14 hectáreas se considera uno de los parques más bellos de la ciudad. De sus rincones destacan la plaza de El Capricho, el Palacio, el estanque, la plaza de los Emperadores, o la fuente de los Delfines y de las Ranas con claras referencias inglesas, francesas e italianas.

 

Durante la invasión francesa de comienzos en 1808, el recinto de recreo pasa a ser propiedad del general francés Agustín Belliard quien parece ser que utilizó las instalaciones para sus tropas. Posteriormente, tras la retirada del ejército francés, el lugar regresó a manos de la Duquesa, quien llevó a cabo una reforma del mismo. Muere la Duquesa en 1834 y la propiedad la hereda su nieto Pedro de Alcántara Téllez-Girón que amplió las diversas zonas del jardín a través de nuevas construcciones. Véase la zona de exedras en la plaza de los emperadores, dedicadas a su abuela. Su nieto Pedro encargó al escultor José Tomás el busto de la Duquesa colocado en el pequeño templete en el centro de la exedra, en el que, en su día se colocaron tres figuras, Duquesa, Hércules y Tesifonte; las tres en 2012 volvieron al Jardín El Capricho y se colocaron en su primitiva ubicación.

En el año 1900, El Capricho es adquirido por la familia Baüer y posteriormente, durante la Guerra Civil fue el cuartel general del ejército y cayó en manos del general José Miaja, defensor del bando republicano de Madrid, quien mandó construir túneles para protección de su misión, búnker incluido y en despacho del propio Miaja.

El bunker

El búnker fue construido en los primeros meses de 1937, y que sirvió de refugio antiaéreo al cuartel general del Ejército del Centro. Adyacente al palacio del parque, sus galerías tienen una profundidad media de 15 metros. Hasta ahora sólo una placa pegada en su puerta, cerrada con candado, recuerda su existencia. Al acabar la Guerra Civil, la propiedad fue devuelta a sus últimos propietarios, la familia Baüer; en 1945 deciden venderlo. El Parque del Capricho fue cerrado y abandonado. En 1974 fuera comprado por el Ayuntamiento de Madrid, y en 1985 declarado Bien de Interés Cultural.

 

 

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