POEMAS DE JOSÉ LÓPEZ MARTÍNEZ

COMO UN RÍO

Un hombre es como un río:

a la intemperie, solo,

ha de cruzar las cuencas de la vida.

Un hombre siempre viene

del insondable misterio de la Nada,

de la profunda soledad del Tiempo,

y lo mismo que los ríos

se va precipitando

en el mar riguroso de la muerte.

Brota, junto a su cauce,

una rivera fértil de fracasos,

una alameda gigantesca de álamos

que ocultan su canción

y su alegría.

Un hombre es, casi siempre,

una corriente de agua despeñada,

que va a romperse contra los abismos

de sus propias preguntas imposibles.

Del libro “En el mar riguroso de la muerte”


IR HACIA LA VERDAD

Partir,

andar por los caminos

que nosotros pensamos cada día,

porque pensar es caminar al fondo

del mundo que nos puebla y nos impulsa.

Hacer caminos nuevos

con la palabra,

con el dolor y la alegría

de quien cruza el desierto

y al fin encuentra una

fuente de agua cristalina.

Ir hacia la verdad

atravesando el silencio

de las noches oscuras de la vida,

como van los navegantes

en las largas y difíciles

travesías.

Estar alerta siempre

Oteando

Los misterios de la lejanía;

ser peregrinos, romeros

como León Felipe quería,

para que nunca caigamos en el tedio

de las palabras vacías.

Ser peregrinos nuevos

sin temor a la sed ni a la fatiga,

aunque los pies nos sangren

y el cansancio nos rinda.

Del libro “La rueda del tiempo”


PEREZOSAMENTE, LA MEMORIA

Perezosamente, la memoria

me trae imágenes difusas

de cosas y paisajes tan lejanos,

que resulta imposible

saber si acaso los soñé algún día

o fueron de verdad,

como son las montañas y los mares.

El tiempo de la infancia,

tan lleno de esperanza y de fulgores,

emerge del silencio

del gris otoño que me va poblando.

Pero la memoria

se quiebra y esclarece

como una lenta

tarde de lluvia y sol de primavera.

No acierto a comprender

cómo  aquel  niño

que fui por las riveras y los llanos,

todavía refulge y me recuerda

que el tiempo sólo existe

en los relojes y en los desengaños.

Y es que todo está dentro de nosotros,

remansado en la sangre,

y el tiempo es sólo un viento que recorre

los sueños que sustentan nuestra vida.

Mas la memoria apenas

acierta a esclarecer donde los sueños

confluyen con la historia

del corazón herido

de tanto caminar a la intemperie.

   Del libro “La rueda del tiempo”


PASAJEROS DE UN TREN A LA DERIVA

Mientras el tren camina,

tajando los paisajes silenciosos,

mis recuerdos florecen como un árbol

que llevase plantado en la memoria.

Camina el tren hacia ninguna parte,

hacia el tiempo futuro y su misterio,

alejándome más de aquellos días

cuando el amor fue todo mi universo.

Qué lejos la niñez queda a esta hora

de mi viaje largo y desolado;

cuántas veces la noche de la muerte

oscureció mi tiempo de alegría.

Está lloviendo sobre los trigales,

sobre el paisaje gris de los recuerdos,

las nubes cárdenas, quietas, densas,

llueven sobre mi adolescencia, tan lejana.

Hacia ninguna parte vamos siempre,

como los vagabundos y los olvidados;

somos hijos del tiempo y de la muerte,

pasajeros de un tiempo a la deriva.


TERRANOVA

Atardece sobre Terranova,

sobre sus bosques y lagos.

Es una tarde alta y clara,

incandescente como la memoria

de las cosas eternas de la vida.

Las alas del avión casi rozan

las empinadas ramas de los árboles.

Se nos dice que en el exterior

la temperatura es de cuatro grados bajo cero

cuando todavía es otoño.

Faenan los pescadores

sobre las aguas serenas del atlántico,

pescadores de cualquier parte del mundo

que aquí confluyen con nostalgia y pálpito.

Estamos volando sobre Terranova.

La ciudad de Saint Johan

queda perdida entre la bruma,

oasis fantasmal en medio de la tarde.

canción del tiempo y de las olas

sobre un paisaje inolvidable y único.

Abajo, Terranova, todavía

como un sueño tangible y armonioso.

Va cayendo la tarde y ya la bruma

nos va ocultando el mar. Lejanamente

se vislumbran los rojos del ocaso.


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