LOS EXVOTOS MARINOS por Ángel Madariaga de la Campa, Periodista y profesor de la Universidad de Cantábria

Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo y no a ese enjambre mugriento que convierten las paredes de las capillas como si fuera el cuarto de un prendero. El cristianismo primitivo y rural, con todos sus resabios paganos y favorecido por la feliz circunstancia marinera del oficio de pescador de su primer Pontífice San Pedro, tuvo con la Marina atenciones suntuarias y simbólicas muy interesantes. La fábrica misma de las iglesias fue denominada Nave y hasta llegó a adoptar su forma invertida, seguramente en recuerdo de la de Noé, salvadora de la humanidad. También adoptó como símbolo, cuando la cruz era perseguida, el del pez o la nave. Más tarde –probablemente en el Siglo IX- el recipiente de incienso que importaron de los ritos orientales, se denominó Naveta por su forma misma.

Exvoto de Palma de Mallorca

Los exvotos cristianos se caracterizan por ser una ofrenda a posteriori, es decir, propios del agradecimiento y no de una esperanza, como los paganos. En definitiva, cuando había pasado el peligro y se había superado el trance. El material para la construcción de los exvotos iba desde los metales nobles oro y plata hasta los humildes como la madera. De los primeros puede decirse que son auténticas piezas de orfebrería, pero en favor de los segundo diremos que son más exactos, representando a los barcos existentes en cada época. Los exvotos podemos clasificarlos de la siguiente manera: Exvotos para colgar, caracterizados por tener la línea de flotación tremendamente baja, dando una sensación lógica de inestabilidad. Esto fue originado porque la carena viva o fondo que es lo que se ve desde abajo, resulta monótono y falto de gracia. Asimismo se exageraban todas aquellas medidas, que como las verticales no pueden verse sino disminuidas por la perspectiva. Así pues, estos exvotos tienen una arboladura exageradísima y una superestructura enorme que, por otra parte, sirve para vestirlo de toda suerte de adornos y pinturas. La Reforma, coincidiendo con las aspiraciones marítimas hanseáticas originó una suerte de modelos colgantes y faltos de santos e imágenes a quienes dedicar estas ofrendas, surgió así el modelo conmemorativo, el hanging model de los ingleses, destinado a ser colgado en las naves protestantes o halls municipales en conmemoración de victorias marítimas o conquistas comerciales.

Exvoto en la iglesia de Ntra. Sra. Guadalupe en Hondarribia

 

A modo de anécdota Benito Pérez Galdós tenía colgado en su despacho de la villa San Quintín en Santander un galeón del Siglo XVIII, exvoto procedente de la iglesia de San Telmo, ese santo patrono de los mareantes nacido en Frómista (Palencia) que todos hemos contemplado en los altares con la incómoda postura de soportar en la izquierda y a pulso un no siempre liviano barco. Los exvotos procesionales de los que quedan pocos, existen algunos en España (Santa Cruz de La Palma en Canarias y en la iglesia de San Pedro de Barres en Castropol en el Principado de Asturias, entre otros), se caracterizan por ser llevados en andas. Suelen ser de colores vivos sin muchos detalles en el casco y como los exvotos anteriores poseen un aparejo enorme, para que sin necesidad de aumentar el tamaño del casco, aparenten grandeza proporcionada a la del ámbito de la calle. Los exvotos puramente personales, se caracterizan por representar además de veleros, arpones, remos, etc. en recuerdo de una determinada circunstancia. Es corriente creer que solamente existen exvotos de veleros. Sin embargo, los barcos de vapor también han dado lugar a ofrendas religiosas, de tal manera que los primeros vapores se reproducen acusando una desorientación en la ponderación de sus formas. En la actualidad los exvotos marineros han quedado relegados en gran parte a las vitrinas de los museos, colecciones particulares y anticuarios. Lastimosamente se ha perdido el hondo significado humano que tenían estas ofrendas, que encerraban un cálido mensaje de los hombres dotados de profunda fe en su lucha con el mar.

Debemos hacer mención a la tragedia marinera que asoló la costa cantábrica un día de abril de 1878. Me refiero a la galerna del sábado de Gloria que produjo en Santander 107 víctimas y la pérdida de seis embarcaciones. Por las mismas fechas y al año siguiente volvió a repetirse la tormenta que esta vez hizo perecer a los 17 tripulantes de la lancha Virgen del Mar. José Mª de Pereda recogió magistralmente en 1885 el patetismo de aquellas escenas que diezmaban periódicamente a la población marinera, a través de Sotileza. Por eso dijo Menéndez Pelayo que la citada novela era el poema del mar, epopeya y epitafio de una raza de pescadores enaltecida por el heroísmo oscuro.

 

 

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