EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL (Aguilar de Campoo, Palencia)Y EL ROMÁNICO por Alfredo Pastor Ugena

Paseos por la historia del arte

Vista del campanario y al fondo el castillo de Aguilar de Campoo

El norte de la provincia de Palencia es sinónimo de románico y naturaleza. En sus tierras podemos encontrar desde grandes monasterios hasta pequeños eremitarios, siempre emplazados en parajes de singular belleza. Un auténtico museo natural que destaca por sus incomparables paisajes físicos y culturales, situados aquí y allá, prestando un sinfín de testimonios sobre el pasado medieval de estas tierras. Sin duda estamos haciendo alusión a uno de los conjuntos románicos más amplios e interesantes de la Península Ibérica que nos permite disfrutar, , en silencio y soledad, de una espiritualidad que sólo el románico nos puede transmitir. El entorno monumental y natural de Aguilar de Campoo es la zona con mayor concentración de iglesias románicas de Europa: 250 iglesias en un perímetro de 50 Kms. Recordemos que la fortaleza y el templo son los iconos más importantes de la comunidad románica pero de ambos es la iglesia el edificio más emblemático, tanto por su proximidad a todos los estamentos sociales, como por ser el símbolo de la divinidad. El comienzo del segundo milenio coincide con una relativa calma que propicia cierta estabilidad social y un crecimiento demográfico y económico que no se conocía desde el esplendor del Imperio Romano. Esta situación favoreció el desarrollo de muchos monasterios, abadías y nuevas parroquias. Esta sociedad se ve a sí misma bajo el amparo de Dios y va perfilando poco a poco el orden feudal. Se trata de una organización muy piramidal donde el débil rinde vasallaje al más fuerte y donde las relaciones de dependencia alcanzan a todos.

En la Península Ibérica se van configurando diversos reinos cristianos que mantienen rivalidades permanentes aunque el enemigo común son los musulmanes. Es ahora cuando se erigen los templos románicos que conocemos y diversos rasgos culturales que siguen la estela de la gran ruta espiritual del momento: el Camino de Santiago. Para que surja una iglesia o un monasterio es fundamental la existencia de reliquias. La propia comunidad parroquial o monástica asumirá los costes de la obra buscando además el apoyo de la nobleza o de ricos burgueses, del obispado e incluso de la realeza. Podemos señalar que la época románica coincidió con una fiebre constructiva. La religión ordena la vida terrenal. La iglesia no es sólo el lugar de oración, la Casa de Dios, sino que es también parroquia, el órgano administrativo de la comunidad, en torno a la cual se organizan las aldeas o los barrios de las ciudades. Allí se reúne el concejo, se cobran los impuestos, se reciben las noticias, se dispone el mercado y se sitúan los cementerios, etc. Sus campanas marcan las horas y con sus distintos sones se informa de las noticias alegres o tristes, siendo asimismo el lugar de reunión por excelencia. Para el hombre románico la escritura es el símbolo de la sabiduría, y hasta tal punto es así que el Pantocrátor sostiene siempre en su mano izquierda el Libro. En un mundo donde el acceso a la lectura es un privilegio, se deja todo por escrito: fueros, privilegios, acontecimientos importantes, compras, ventas o donaciones y también recordatorios del tránsito a la otra vida. Cada monasterio importante tenía un scriptorium, donde trabajaban afanosamente los clérigos calígrafos, copiando los libros o los miniaturistas dibujando viñetas de diversos colores.

Elaborados sepulcros de estilo gótico encontrados en las obras de restauración del monasterio, pertenecientes a los almirantes de Castilla, Pedro y Nuño DÍaz de Castañeda.

La piedra es el otro soporte que utilizó el hombre románico para transmitir sus mensajes a la posteridad. En los muros de las iglesias es frecuente encontrar inscripciones que cuentan cuando se construyó el edificio o cuando se consagró, quien era el abad bajo el que se construyó y ocasionalmente quien fue el maestro de obras. En días pasados tuve la oportunidad que me ofreció la Fundación Santa María de dar fe a estas reflexiones, visitando el monasterio de Santa María la Real y alrededores, en la localidad de Aguilar de Campoo que se ubica en la margen izquierda del río Pisuerga y entre éste y Peña Longa , en la zona nororiental de la provincia palentina. Es el centro neurálgico del Románico Norte en esta provincia. La Fundación Santa María la Real tiene en esta zona su centro neurálgico así como el Centro de Estudios del Románico. Labor encomiable la que desde 1978 llevan a cabo bajo la dirección de José María Pérez González (“Peridis”). Este monasterio es una antigua abadía de la orden Premonstratense construida entre los siglos XII y XIII en un estilo de transición del románico al gótico con elementos del arte cisterciense. En la actualidad acoge un Instituto de Educación Secundaria, la Escuela de Idiomas, la UNED, así como las sedes de la Fundación Santa María la Real, el Centro de Estudios del Románico y del Museo ROM: Románico y Territorio. Es Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Histórico-Artístico Nacional. El risco y ,el agua que corre a sus pies, son la clave de su existencia. “Según el relato legendario, carente de cualquier base histórica, esta casa cenobítica fue fundada por Opila, abad del Monasterio de San Miguel de Tablada en las orillas del Ebro, en algún momento de principios del siglo IX. Un hermano de Opila llamado Alpidio, encontrándose de caza por las riberas del Pisuerga, descubrió escondidas en el bosque dos pequeñas ermitas visigóticas dedicadas a Santa María y a los apóstoles San Pedro y San Pablo. En ellas estaban depositadas ciertas reliquias de los titulares y un arcón con una cruz de gruesos maderos encima. Los hermanos abrieron el arcón y en su interior hallaron una imagen del Santo Cristo (hoy venerada en la Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo) que les impresionó por la nobleza de sus rasgos y por la fragancia que despedía la llaga de su costado. Ante tal prodigio, comenzaron a construir una casa religiosa en el mismo lugar del hallazgo”.

El monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo es uno de los edificios emblemáticos del románico en Castilla. Fue fundado por el abad Opila en el año 882; a mediados del siglo XII- como ya hemos señalado- es ya un boyante monasterio, siendo entregado en el año 1169 por el rey Alfonso VIII a los premostratenses, pasando a ser fundación real. El nuevo edificio es una magnífica muestras del estilo románico de transición. En su exterior destaca la portada abocinada, con tres arquivoltas sustentadas por columnas acodadas, coronándose el conjunto con una espectacular espadaña. Por esta puerta entrarían los fieles al templo. Los monjes accedían a la iglesia a través del claustro, otra de las joyas arquitectónicas del cenobio. Fue levantado en el siglo XIII y consta de dos plantas, la parte baja está formada por arcos de medio punto que descansan sobre columnas con capiteles y cimacios. El monasterio se organiza al modo cisterciense entorno a su claustro. La iglesia, de planta basilical, se acabó de edificar en 1213. Situada al lado norte del claustro, se orienta canónicamente y consta de tres naves de cuatro tramos cada una más el transepto. La central rematada en ábside de siete lados, cuatro de los cuales lucen hoy alargados ventanales dobles ya en clave de transición hacia el gótico. Recios pilares cruciformes con semicolumnas adosadas segmentan el espacio interior y reciben los empujes de las bóvedas a través de arcos fajones y formeros apuntados, así como de las nervaduras de las crucerías. Un bello espacio recuperado, en cuyas naves laterales podemos contemplar reproducciones de buen número de templos románicos del entorno.

 

Las tres naves de la iglesia están separadas por seis contundentes pilares compuestos, con pares de medias columnas adosadas, que soportan bóvedas de crucería, salvo los brazos del crucero, que tiene bóvedas de cañón apuntado como un ábside, precisamente las partes más antiguas del templo, de la segunda mitad del siglo XII. El resto es de comienzos del siglo XIII. El presbiterio es de planta heptagonal con gruesos contrafuertes radiales al exterior. Dos puertas comunican con el claustro y con el exterior, esta a los pies y bajo la espadaña. En el costado norte se abre la capilla del Cristo, clasicista (1650). En el lado opuesto la sacristía, cuadrada y obra del siglo XV. Exteriormente es muy destacable la citada gran espadaña, símbolo de Aguilar, indicando dónde se halla el hastial de poniente del templo, y también la portada de tres arquivoltas abocinadas sobre parejas de columnas acodilladas. El claustro data del siglo XIII, disponiendo de arquerías de medio punto que descansan sobre columnas decoradas con capiteles y cimacios que culminan y adornan la planta baja. Se dispone en el lado sur; el claustro bajo es del siglo XIII, con arquerías apuntadas de vanos triples sobre capiteles pareados y bóvedas de crucería peraltada. El alto es del siglo XVII. En su costado este la sala capitular (1209) con seis tramos cuadrados sobre dos columnas. En el lado opuesto la cilla, con restos del siglo XI. La nueva fachada y las dos alas que salen de ella se construyeron en el siglo XVIII, con celdas individuales en la planta alta. Los capiteles que aún quedan en Santa María la Real presentan leones atrapados en entrelazo, grifos o decoración vegetal de elegante hechura. La Desamortización de Mendizabal supuso la ruina del monasterio, iniciándose ya durante la Segunda República una primera campaña de restauración. La definitiva tuvo lugar entre los años 1978 y 1987, un magnífico trabajo realizado por la Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar que le valió la Medalla de Plata concedida por Europa Nostra -grupo de asociaciones dedicadas a la protección y promoción del patrimonio europeo.

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