LOS MOLINOS DE TOLEDO, por Ricardo López Seseña. Académico de la Hispanidad

Música recomendada: Mago de Oz

Posiblemente la primera maquinaria movida por energía eólica que conocemos sean los molinos de viento. Es casi seguro que fueron importado por Carlos I a imitación de los que había en los Países Bajos. En los libros parroquiales  de El Toboso aparece en 1601 una partida de defunción, en la que el Párroco viene a certificar que  “ en el día de hoy ha enterrado a la chica que ayer mató el molino…“, lo que nos hace pensar que era uno,, el primero de los que después llegarían a doce.

Si estudiamos …” el tema seriamente observamos que los molinos de viento se dan especialmente en La Mancha (en árabe La Seca). La causa está clara, a falta de corrientes de agua hay que aprovechar el viento para usarle como motor de la nueva maquinaria, que vino a resolver un grave problema a nuestros agricultores, el de la molienda. No obstante en las escasas corrientes existentes en La Mancha y siempre que fue posible se instalaron molinos de agua. Un documento de las RR. Trinitarias nos dice que: “ tuvieron un pleito con el molinero al que habían arrendado un molino de agua en Arreburras y del que eran propietarias..” 

No obstante nuestros pueblos manchegos se poblaron de los imaginarios gigantes que aún hoy adornan nuestro paisaje.

            En Toledo y sus aledaños no sucedió así, porque en esta zona disfrutamos de abundantes corrientes y entre ellas la del río Tajo.

 

Molinos en Consuegra.

¿Desde cuándo el hombre ha aprovechado las corrientes fluviales para utilizarlas como motor de sus maquinarias? Realmente lo ignoro, aunque me temo que dicho origen se pierda en la noche de los tiempos.

¿Quién no conoce lo molinos de piedra, movidos a mano que un día no tan lejano usaban nuestro ganaderos? Dos piedras, una dentro de la otra, una piquera para echar el grano, otra para que saliera la molienda y un pedazo de hierro para moler el grano a mano, girando una piedra sobre la otra.

Eran, sin duda, una solución a pequeña escala, pero la mentalidad laboriosa y la inventiva del hombre debió llevarle a idear la forma de sustituir el duro trabajo manual por otro más efectivo y provechoso utilizando la fuerza de la naturaleza.

            El último que he visto funcionando estaba en el río Cedena (afluente del Tajo) en pequeño pueblo toledano conocido como Villarejo de Montalbán.

Molino de agua en San Martín de Montalban
Molino de Santa Ana, río Tajo.

            El sistema de funcionamiento es sencillo; este tenía un canal que recorría varios metros paralelo a la corriente y un poco elevado. Por debajo de él existía una compuerta capaz de cortar la corriente del río, que al hacerlo aumentaba su caudal y como consecuencia su nivel. El agua comenzaba a discurrir por el canal antes citado e iba a parar a una caseta en donde hábilmente, se había colocado una turbina. El agua caía con fuerza, según la altura, sobre las palas de la turbina y poniéndola en moviendo. Un ingenioso sistema de embrague llevaba la fuerza que el mecanismo desarrollaba al motor, que se movía o paraba a voluntad sin interferir para nada en el, la continuidad del movimiento producido por la corriente.

            En Toledo y sobre el Tajo el sistema se utilizó a escala industrial y, para elevar el nivel de las aguas, se construyeron las numerosas presas existentes en el Tajo que nos rodea. Seguramente que la explotación de dicha industria fue productiva pues los dueños de ellos fueron casi siempre noble acaudalados u ordenes religiosas.

            Lo numerosos molinos que se instalaron en los alrededores de Toledo están ahí aún, porque para hacerlos desaparecer totalmente había que haber destruido las presas y eso es cosa muy seria y precia de mucha maquinaria apropiada.

Molinos del Daicán, río Tajo

            Lo que probablemente sucedió, es que al inventarse el motor que dejó los molinos quedaron obsoletos, se aprovecharon las instalaciones de las turbinas para mover las dínamos que, reemplazaron a lo molinos, y comenzaron a producir electricidad.

            En nuestros años jóvenes, en Toledo capital,  todos hemos conocido la fábrica de luz de Safont y la de Río Chico, como ejemplo, que producían electricidad y al ser bajo el consumo de la misma por dedicarse casi en excluida al alumbrado, abastecían a parte de la ciudad.

También quedan numerosos restos en el río, que fácilmente podemos identificar y que nos retrotraen a la época más floreciente de los molinos.

Deja un comentario