V RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE MOTA DEL CUERVO (Cuenca) HASTA LA RODA (Albacete), por Luis Manuel Moll Juan

Cervantes siempre ha sido amante de su fiel Quijote, y juntos han hecho mundialmente conocidos los campos y pueblos de Castilla-La Mancha y algunas otras zonas más españolas. Por eso, recorrer estas tierra como lo hicieran los dos hombres, uno imaginario y el otro imaginante, cruzando lugares y parajes imposibles de olvidar… comer aquí y comer allá, cabalgar por este sitio e irse por otro aquel. Perderse entre los mares de estrellas que son las guias en las noches cervantinas o contemplar el horizonte con los calores del sol que es el guía quijotesco.

Todo es un descubrir español a través de los lugares y los tiempos de los siglos XVI y XVII y que gracias a estas aventuras de Don Quijote y Sancho, y gracias a las letras de Cervantes, podemos descubrir lugares y gentes que sin estos hombres jamás lo hubiéramos hecho porque seríamos diferentes.

 

Seguimos caminando por estos senderos viejos como la antigüedad, cruzando parajes de trigo, cebada, olivos, entre sombras de los molinos de viento y las casas  encaladas, algún que otro riachuelo;  cipreses y cementerios, cabras, gallos y gallinas, ovejas y esos gatos que ya no se inmutan por ver al hombre; todo esto es parte de los paisajes manchegos creadores del horizonte que oculta la estrellada noche para ver la interminable luz del día.

 

Rincones de Mota del Cuervo

Dejamos la tierra de Las Pedroñeras y vamos por caminos polvorientos hasta Mota del Cuervo. Tierra antigua desde tiempos ya perdidos por el hombre, hay constancia de algunas  motillas de la Edad del Bronce, es y fue cruce de caminos donde los romanos se asentaron perteneciendo a la Hispania Citerior y después de las reformas del emperador Augusto, pasaron a depender de La Cartaginense. Es donde a partir del siglo XI donde esta villa marca su carácter fronterizo entre los cristianos y moros. En el siglo XIII  caballeros de la Orden de Santiago, y por mandato real, son los encargados de la repoblación de estas tierras, En un castillo que había en la sierra de  Mota, esta orden militar celebraron algunas asambleas. La Orden de Santiago crea, bajo el mandato del Maestre Don Fadrique, una asociación entre pueblos para el control ganadero, agrícola  y económico llamada “Común de la Mancha”, que la forman unos 15 pueblos de la comarca. En la Carta de Privilegio, aparece una población llamada “ El Cuervo” que, debido a una epidemia del cólera desapareció toda su población siendo absorbido por otro pueblo cercano llamado “La Mota” y a este se le concedió, en 1416, los derechos del fuero. En Mota del Cuervo caminó Cervantes y después cabalgó su Quijote siempre acompañado de Sancho. Fue Carlos I de España quien le puso el nombre de Mota del Cuervo.

 

Plaza Mayor de Mota del Cuervo
Los Molinos de Mota del Cuervo

Es obligado detenerse y descansar en el complejo lagunar de Manjavacas. Sus lagunas son fuente de belleza y frescor en estas tierras manchegas.  Sanchez Gomez, Alcahozo, La Dehesilla, Navaluenga y Maljarejo; son los nombres de las lagunas que acompañan a la laguna principal, la de Manjavacas.

Seguimos en nuestro caminar pasando por Santa María de los Llanos ya con rumbo a El Pedernoso, pueblo que se levantó en nombre de los Reyes Católicos para reclamar que su dependencia fuera de la Corona.  El Marqués de Villena, a cuyos dominios pertenecía El Pedernoso, intentó dominar a sus pueblos levantiscos, pero los Reyes enviaron a un capitán llamado Jorge Manrique que pudo hacer cumplir la voluntad de estos pueblos y los recibió en nombre de la Corona, haciéndolos villa. A tanto movimiento. Camino a Villarrobledo, La  población  conocida antiguamente como Las Mesas Rubias (la actual Las Mesas), nombre dado por el color de los cereales que se sembraban por aquellos entonces del siglo XVII. Tierra mágica donde se unen los misterios fantásticos de las Cuevas del Tesoro en el Cornicán. La crédula tradición asevera todavía que muchos kilómetros de galería guardan talegos de plata y oro todavía por descubrir.

Pedernoso. Casa de las 14 rejas. Casa Solariega del siglo XVII La casa es de planta irregular, doble altura y realizada en mampostería y los dinteles en piedra. Debe su nombre a la rejerfa antigua de los huecos.

Estos sitios guardan mucha verosimilitud en muchos comentarios en nuestro Quijote: “Oyendo lo cual Sancho, que con gran atención le había estado escuchando, dando una gran voz, dijo: ¿Es posible que haya en el mundo personas que se atrevan a decir que este mi señor está loco?. Digan vuestras mercedes, señores pastores: ¿Hay cura de aldea; por discreto y estudiante que sea que pueda decir lo que mi amo ha dicho, ni caballero andante, por más fama que tenga de valiente, que pueda ofrecer lo que mi amo ha ofrecido?" (II, 58)

Ayuntamiento de El Pedernoso. Un edificio de estilo barroco del siglo XVII, punto de referencia de la arquitectura civil en la localidad

 Dejamos las tierras conquenses, de momento,  para iniciar el camino a través de la provincia de Albacete. Villarrobledo, se nos presenta como es ella: “majestuosa”. Obligado paso cuando los viajeros de la época cervantina se desplazaban de Cuenca a Granada o viceversa. Tierra que en el pasado fue difícil la vida debido a las continuas razzias entre musulmanes y cristianos hasta que Alfonso VIII puso fin gracias a la conquista de Alcaraz en el 1213. Su época dorada coincide con la vida de nuestro Cervantes  entre el siglo XVI y hasta mediados del XVII.   El despegue demográfico y económico se cristaliza en la erección de obra civil y religiosa muy diversa como: la iglesia de San Blas que “iba para catedral” y posedora de un retablo impresionante, una portada de estilo vandelviresco así como una escalera del estilo de Alonso de Vandelvira, del conocido como “el caracol de La Mancha”. Las arcadas del Ayuntamiento son muy bonitas y según consta sobre las armas de la ciudad y que dice “S.P.V.R.”, cuya traducción del latín es: “El Senado y el Pueblo de Villarrobledo”; el Rollo, los Pósitos, los Conventos de San Francisco, Las Claras, San Bernardo y Las Carmelitas.

Villarrobledo, ayuntamiento. Una de las obras más destacadas de la arquitectura civil renacentista realizada en La Mancha en el siglo XVI. Desde el punto de vista histórico el Ayuntamiento en sus orígenes fue concebido para dar cabida al Pósito y la Audiencia de la Villa, aunque, también, pudo ser casa-palacio del Marqués de Villena. Con motivo de la adhesión de los vecinos de Villarrobledo a la causa de los Reyes Católicos en 1475, estos monarcas le devuelven su privilegio de Villa, arrebatado por el Marqués de Villena. A partir de esa fecha se inicia la construcción de su Gran Casa Consistorial, que se completaría en el siglo XVI con la construcción de la fachada actual.

Villarrobledo. Casa de Andrés López Muñoz. Fue construida a finales del siglo XIII por los fundadores de Villarrobledo; tiene tras de si una larga historia: fue lugar donde se pagaban los impuestos al Marqués de Villena, los frailes dominicos ejercieron desde aquí su poder y sus sótanos sirvieron de cárcel a la Inquisición.
Villarrobledo. Iglesia de San Blas. La iglesia de San Blas, de los siglos XV y XVI es un bello ejemplo de la arquitectura gótica, renacentista y barroca, lo que le ha hecho merecedora de la declaración de Monumento Nacional, titulo obtenido en 1977. La parte más antigua del edificio es de estilo gótico flamígero ejecutado con gran maestría. El resto se construyó al más puro estilo renacentista y con el sello impreso de Vandelvira.

Nos desviamos un poco, por esa cuestión que haría posiblemente el señor Cervantes en su época de recaudador de impuestos y de alimentos para poder dar de comer a la Gran Armada de Felipe II, hacia El Provencio, pueblo crecido entorno al río Záncara, que un poco más arriba, su corriente baña los entornos del castillo de Santiago de la Torre, conocido también como Santiaguillo.

Castillo de Santiago de La Torre

 

Ya los paisajes están repletos de girasoles y nos atisba la Villa de San Clemente, donde “tan bueno es el vino como la gente”.

Población ésta, que parece ser que debe su nombre a un hidalgo llamado Clemente Pérez de Reus procedente del castillo de Reus, existente ya antes, y que diera nombre al Santuario de la Virgen y al río. En esta Villa, aparte de los monumentos en piedra, Cervantes, tuvo posibilidad de admirar entre su paladar los monumentos gastronómicos como el ajopán, matambre y ajo arriero, migas mieras con uvas o el atascaburras y es posible, si su economía se lo permitia, que pudiera comer algo de caldereta de cordero. Amén que todos aquellos andantes de estas tierras, conocemos la afición que hay sobre los manjares que nos da el Cerdo. La matanza,  ha sido durante siglos un rito tradicional en el que se instauraba la liturgia del aprovechamiento total del cochino. Muñoz Coronel nos deja escrita una coplilla sobre el Cerdo que nos lo dice todo:

Hubo seis cosas

En la boda de Antón:

Cerdo y cochino,

Puerco y marrano,

Guarro y lechón.

San Clemente. Palacio de Osma. De estilo renacentista dentro de la línea del clasicismo puro, en esquina de forma rectangular, con dos plantas más un torreón, coronado por un gran escudo Real de los Austrias. Es obra del arquitecto Domingo de Zalvide y fue construido en el siglo XVI. Fue un obsequio de la emperatriz Doña Isabel, señora de la villa desde 1526 a 1539. Sus arcos coinciden con los del palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada.
San Clemente. Ayuntamiento y Arco
San Clemente. Torre Vieja
San Clemente. Ermita y Paraje de Rus

San Clemente fue recorrida más de una vez por Miguel de Cervantes. De ahí se deduce que resulte natural la expresión «¡Voto a Rus!» del ca­pítulo XXV de la segunda parte, que es pronunciada por Sancho en el episodio de la aventura de don Quijote con la compañía de maese Pedro, titiritero de profesión, que llevaba un mono capaz de adivinar el pasado y el presente, así como un retablo o teatro de marionetas portá­til: Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están por ve­nir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes algún tanto.

El lugar concreto en el que se desarrolla esta escena pudo ser la venta de Lomas, apareciendo referencias a la ermita de Rus, donde hace su habitación un ermitaño que dice ha sido soldado [...]y junto a la ermita tiene una pequeña casa. Por lo visto el tal ermitaño no se encontraba allí a la sazón, no pudiendo beber «de lo caro», como eran sus deseos, pues sólo había agua barata según les dijo «un sotoermitaño que en la ermita hallaron».

Por estos lugares se oye una y otra vez el «¡Voto a Rus!», o «¡Voto a Dios!», en forma eufemística, pronunciado por Sancho, que añadió estas palabras interesado por los saberes del mono adivino: ¡No dé yo un ardite porque me digan lo que por mí ha pasado!; porque ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yo porque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero pues sabe las cosas presentes, he aquí mis dos reales, y dígame el señor monísimo qué hace ahora mi mujer Teresa Panza, y en qué se entretiene.

En el mismo capítulo hace referencia Cervantes al Santo Oficio, mención que parece obligada en los alrededores de San Clemente, cuyo Santo Tribunal de la Inquisición fue uno de los más activos de La Mancha.

Cubo. Los cubos y chozas surgieron del esfuerzo y trabajo de nuestros antepasados, donde a base de simples materiales como es la piedra, crearon sus propios refugios para pernoctar o refugiarse de las inclemencias del tiempo, descanso nocturno de largos días de trabajo que debido a su lejanía al pueblo se veían obligados a pasar las noches en ellas. Junto a ellos aparecen corrales anexos construidos en piedra, cuya utilización era para guarda de ganado

Y nos vamos para Vara del Rey donde las razones quijotales, nos hacen ver que por estas llanuras alomadas de Dios, nuestro cabalgador más importante tuvo que estar pernoctando bajo sus cielos o en alguna vieja posada. En el pueblo nos sorprende con sus calles repletas de rincones y monumentos.

Vara del Rey. Ayuntamiento
Vara del Rey. Palacio Marqués de Valdeguerreros
Vara del Rey. Ermita del Rosario

Por esta tierra de caminos y cielos interminables vamos con rumbo hacia La Roda y pasamos por pueblos como Sisante  donde Cervantes, en su trasegar, se pararía para recoger los impuestos sobre el trigo que los lugareños recogían una vez al año. Pasamos por Pozoamargo, antiguo nudo romano de comunicaciones y que tiene una impresionante iglesia dedicada a la Santísima Trinidad y algunas casas señoriales.

Sisante con sus iglesias, monasterios y casonas. Villa donde todavía se mantiene el aroma cervantino.

Pozoamargo, villa donde brota el vino desde lo más profundo de la tierra.

La Roda, inmersa dentro del Camino Real de Granada a Cuenca, nos puede sorprender con algunas aventuras quijotescas. La torre de su iglesia se la conoce como “el faro de La Mancha”.

En plena llanura manchega, nos encontramos con esta localidad, patria del fonetista Tomás Navarro Tomás, autor del libro de fonética castellana más importante que lleva por título: “Manuel de pronunciación española”.

La localidad conserva en su parte antigua, dentro de un marco ambiental de calles y plazas de acusado tipismo y casas blasonadas, una destacada riqueza histórica y artística.

La Roda. Iglesia de San Salvador, La Roda. Iniciada entre los años 1510-1515. Se encuentra situada en lo que se conoce popularmente como "Loma del Castillejo" por encontrarse allí el antiguo castillo de Robda (destruido por orden de Isabel la Católica entre los años 1476 y 1478). La diseñó e inició el arquitecto vasco Pedro de Alviz ayudado por su hermano Juan de Alviz. Su estructura comprende tres estilos arquitectónicos: Gótico, Barroco y Renacentista, predominando éste último.

El personaje cervantino “Maese Pedro” seguramente tuvo que estar por estos lugares:

(Cap. 26 II parte)

Enternecióse Sancho Panza con las razones de maese Pedro y díjole:

—No llores, maese Pedro, ni te lamentes, que me quiebras el corazón, porque te hago saber que es mi señor don Quijote tan católico y escrupuloso cristiano, que si él cae en la cuenta de que te ha hecho algún agravio, te lo sabrá y te lo querrá pagar y satisfacer con muchas ventajas.

—Con que me pagase el señor don Quijote alguna parte de las hechuras que me ha deshecho, quedaría contento y su merced aseguraría su conciencia, porque no se puede salvar quien tiene lo ajeno contra la voluntad de su dueño y no lo restituye.

—Así es —dijo don Quijote—, pero hasta ahora yo no sé que tenga nada vuestro, maese Pedro.

—¿Cómo no? —respondió maese Pedro—. Y estas reliquias que están por este duro y estéril suelo, ¿quién las esparció y aniquiló sino la fuerza invencible dese poderoso brazo? ¿Y cúyos eran sus cuerpos sino míos? ¿Y con quién me sustentaba yo sino con ellos?

—Ahora acabo de creer —dijo a este punto don Quijote— lo que otras muchas veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan y truecan en las que ellos quieren. Real y verdaderamente os digo, señores que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra, don Gaiferos don Gaiferos, Marsilio Marsilio, y Carlomagno Carlomagno. Por eso se me alteró la cólera, y por cumplir con mi profesión de caballero andante quise dar ayuda y favor a los que huían, y con este buen propósito hice lo que habéis visto: si me ha salido al revés, no es culpa mía, sino de los malos que me persiguen; y, con todo esto, deste mi yerroXXI, aunque no ha procedido de malicia, quiero yo mismo condenarme en costas: vea maese Pedro lo que quiere por las figuras deshechas, que yo me ofrezco a pagárselo luego, en buena y corriente moneda castellana.

Inclinósele maese Pedro, diciéndole:

—No esperaba yo menos de la inaudita cristiandad del valeroso don Quijote de la Mancha, verdadero socorredor y amparo de todos los necesitados y menesterosos vagamundos; y aquí el señor ventero y el gran Sancho serán medianeros y apreciadores entre vuesa merced y mí de lo que valen o podían valer las ya deshechas figuras.

El ventero y Sancho dijeron que así lo harían, y luego maese Pedro alzó del suelo con la cabeza menos al rey Marsilio de Zaragoza, y dijo:

—Ya se vee cuán imposible es volver a este rey a su ser primero, y, así, me parece, salvo mejor juicio, que se me dé por su muerte, fin y acabamiento cuatro reales y medio.

—Adelante —dijo don Quijote.

—Pues por esta abertura de arriba abajo —prosiguió maese Pedro, tomando en las manos al partido emperador Carlomagno—, no sería mucho que pidiese yo cinco reales y un cuartillo

 

.Esta ruta cervantinoquijotesca, la dejamos parada aquí en espera del siguiente tramo.

 

La Roda y sus rincones

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La Roda. Posada del Sol (Teatrealizada). Entre estas edificaciones encontramos la Posada del Sol, antiguo parador que perteneció en su día a la Condesa de Villaleal quien lo recibió por herencia de su padre. Algunos autores lo relacionan con el capítulo de “El retablo de Maese Pedro” de “Don Quijote de la Mancha”. Está considerada como la más bella y evocadora posada de toda La Mancha..

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