En la época donde el Almirante Oquendo (marino un poco olvidado por la historia española)   era un auténtico azote para los ingleses, sucedió que a Doña Isabel I, que por aquel entonces era señora y dueña de inglaterra, mandó armar una gran flota para terminar con el dominio marítimo de la España de Felipe II y como todo lo inglés que les supone un disgusto,  o no les interesa, lo  hacen pasar desapercibido a través de los anales de la historia. Y aquí es donde entramos nosotros…para recordarlo. Sea:

Estos hijos de la “Pérfida Albión” se olvidaron de una parte de su historia y durante varios siglos ocultaron una impresionante derrota, y es este caso, no fue debido a los elementos como le ocurrió a la Gran Armada Española conocida como “la Invencible”, su desastre fue debido a la artillería española.

Don Antonio de Oquendo
Atlas Miller del Océano Atlantico. Dominio de España

Esta Armada Inglesa fue una derrota de armas: La reina Isabel de Inglaterra envió a su mejor hombre a derrotar al Imperio Español a través de los mares y con una escuadra de aproximadamente 200 navíos (hay que recordar que la Armada Invencible tenía 137 barcos). Francis Drake fue el hombre que preparó una fuerte represalia contra España teniendo como objetivo debilitar al Imperio Español tras el descalabro de la Armada Invencible y golpear a España hasta hundirla en lo más profundo de la historia.

Su primer golpe iría a parar sobre Santander, sus atarazanas estaban desbordadas por las reparaciones a las que estaba sometida los restos de la Armada Invencible. Más de 102 barcos estaban reparándose tras los temporales sufridos. De este modo se aseguraría el dominio del mar Cantábrico y dejaría a España muy debilitada en el océano Atlántico.

Santander a finales del S. XVI. Grabado de Braun

Después del ataque a Santander, irían directamente rumbo a Lisboa para arrebatar el Imperio Luso a España. Para ello enviaría al Prior de Crato (Antonio de Crato) heredero de la Casa de Avis, pretendiente al trono luso que Felipe II acababa de heredar de su madre, Isabel de Portugal. Crato se había comprometido con Isabel I de Inglaterra, en convertir a Portugal  (en caso de victoria) en un protectorado del reino inglés.

 

Su tercer golpe sería para las Azores, de este modo podría controlar las rutas de las indias y con ello toda flota que España mandase cruzar por el Atlántico.

 

El general   Sir John Norreys el más prestigioso militar inglés de su tiempo) comandaba los 27.667 hombres que estaban a bordo de los buques de Francis Drake. Si bien Drake había obtenido notables éxitos actuando como corsario y pirata, y además se auto atribuyó todo el mérito de las operaciones contra la Felicísima Armada  española, mérito del que dudan diversos historiadores. Los hechos posteriores demostrarían que Drake no era el hombre adecuado para mandar una gran expedición naval.  Las claras órdenes dadas por su reina de dirigirse directamente a Lisboa las torció a su gusto y prefirió ir en busca del desquite contra la ciudad desde la que había partido la Gran Armada, un año antes hacia Inglaterra. Se dispuso a atacar primero, el que entendían el puerto más débil, el de La Coruña dejando que Santander como objetivo secundario y sin interés.

Prio de Crato
John Norreys
Francis Drake

Isabel I de Inglaterra

Drake dividió su flota en 5 escuadrones, mandados respectivamente por él (en el Revenge), Norreys (Nonpareil), el hermano de Norreys, Edward (Foresight), Thomas Fenner (Dreadnought) y Roger Williams (Swiftsure). Junto con ellos, y en contra de las órdenes de la reina que había prohibido expresamente su asistencia a la campaña, navegaba el favorito de Isabel I: Robert Devereux, II conde de Essex.

 

La Coruña, en aquellos años -1589- no tenía más de 4.000 habitantes y estaba defendida por 500 soldados viejos de los valerosos Tercios.

Durante  la noche  del 3 y el 4 de mayo se avistaron las velas inglesas . Con todo, nadie podía suponer que venían con intenciones de arrasar la ciudad. Por ello, Don Juan Pacheco (capitán general de Galicia) ordenó enviar dos galeras para averiguar las intenciones de los «inglesuzos». Y es que, ver llegar esa ingente cantidad de navíos desde el otro lado del mar no fue una imagen ni mucho menos tranquilizadora. Para su desgracia, quedó claro que los «british» venían buscando camorra cuando trataron de cañonear aquellos pequeños navíos.

La Torre de Hércules en La Coruña. Grabado del siglo XVI
La Coruña en el siglo XVI

La Coruña estaba defendida navalmente por  una nao, dos galeras y un galeón. Los ingleses desembarcaron unos 10.000 hombres en la playa de Santa María de Orza y rápidamente tomaron la parte baja de la ciudad, el llamado “barrio  de la Pescadería”, así mismo capturaron toda la artillería del galeón  San Bernardo que estaba reparándose en las aterazanas.

Cuando la defensa coruñesa comenzaba a flaquear, Doña María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, más conocida como María Pita, mató con una pica a un alférez inglés que arengaba a sus tropas al pie de las murallas, arrebatándole además el estandarte, lo que provocó el derrumbe definitivo de la moral de los atacantes. Otra mujer que aparece en las crónicas de la época por su distinción en los combates fue doña Inés de Ben.

María Pita. Monumento sito en La Coruña
Castillo de San Antón. La Coruña
Saqueo ingles del barrio de La Pescadería en La Coruña

Ante la imposibilidad momentánea de conquistar la ciudad  y ante la noticia de la llegada de refuerzos terrestres, las tropas inglesas abandonaron la pretensión de tomar la ciudad y se retiraron para reembarcar el 18 de mayo, habiendo dejado tras de sí unos 1000 muertos españoles, y habiendo perdido por su parte unos 1300 hombres, además de entre dos y tres buques y cuatro barcazas de desembarco, todos ellos hundidos por los cañones del fuerte de San Antón y los barcos españoles. Además, en aquel momento las epidemias empezaron a hacer mella entre las tropas inglesas, lo cual unido al duro e inesperado rechazo en La Coruña contribuyó al decaimiento de la moral y al aumento de la indisciplina entre los ingleses. Tras hacerse a la mar,  diez buques de pequeño tamaño con unos 1000 hombres a bordo decidieron desertar y tomaron rumbo a Inglaterra. El resto de la flota, a pesar de no haber conseguido aprovisionarse en La Coruña, prosiguió con el plan establecido y puso rumbo a Lisboa.

Lisboa en el año 1598

La flota inglesa fondeó en la ciudad portuguesa de Peniche el 26 de mayo de 1589 e inmediatamente comenzó el desembarco de las tropas expedicionarias comandadas por Norris. Acto seguido, el ejército comandado por Norris, compuesto a aquellas alturas de la misión por unos 10.000 hombres, partió rumbo a Lisboa. Paralelamente, la flota comandada por Drake también puso rumbo a la capital portuguesa. El plan consistía en que Drake forzaría la boca del Tajo y atacaría Lisboa por mar, mientras Norris, que iría reuniendo adeptos y pertrechos por el camino, atacaría la capital por tierra para finalmente tomarla.

 

La sorpresa que se llevaron los ingleses a su llegada a Lisboa fue tremenda. En el puerto lisboeta, fondeaba una escuadra compuesta por 40 barcos de vela bajo mando Matías de Alburquerque y las 18 galeras de la Escuadra de Portugal, bajo mando de Alonso de Bazán preparadas para el combate. La guarnición terrestre de la ciudad estaba compuesta por unos 7.000 hombres entre españoles y portugueses. Si bien las autoridades españolas no confiaban totalmente en las tropas portuguesas, nunca llegaron a producirse levantamientos ni motines.

Las galeras de Bazán atacaron a las fuerzas terrestres inglesas desde la ribera del Tajo causándoles numerosas bajas.  Durante los combates, la pasividad de Drake que no se decidía a entrar en batalla provocó un aluvión de reproches por parte de Norreys y Crato que lo acusaron de cobardía. Drake alegaba que no tenía posibilidades de entrar en Lisboa debido a las fuertes defensas y al mal estado de su tripulación.

 

Lo cierto es que, sea como fuere, mientras las tropas terrestres llevaban todo el peso de la batalla, el almirante inglés se mantenía a la expectativa, bien porque realmente no pudiese hacer nada, bien porque, como argumentan algunos historiadores, estuviese esperando el momento adecuado para entrar en batalla cuando la victoria fuese segura y recoger los laureles.

El 11 de junio entraban en Lisboa refuerzos para España con otras 9 galeras y 1.000 soldados al mando de Martín de Padilla, lo que fue definitivo en la batalla, y el 16 de junio, siendo ya insostenible la situación del ejército inglés, Norreys ordenó la retirada.

 

Inmediatamente se ordenó a las tropas hispano-lusas, con Martín de Padilla a la cabeza, salir en persecución de los ingleses que se habían adentrado en el Atlántico.

 

 

 

 

Debido a la imposibilidad de defenderse o huir, los barcos ingleses atacados sufrieron un terrible castigo, siendo finalmente apresados 4 buques de entre 300 y 500 toneladas  (hundieron el buque del capitán Minshaw, que perece en la batalla), un patache de 60 toneladas y una lancha de 20 remos. Durante aquellos durísimos ataques murieron unos 570 ingleses, y unos 130 fueron hechos prisioneros. Por su parte, los españoles solo lamentaron 2 muertos y 10 heridos.

Cádiz a finales del siglo XVI

Drake, que solo fue mero testigo de la derrota en el intento de tomar Lisboa puso rumbo a las Azores, para tratar de conseguir, al menos, el último de los objetivos acordados. Tras él,  los españoles le seguían con una flota de 7 galeras al mando de  Padilla que partió el 20 de junio. La galera estaba comandada por el propio Padilla, la segunda comandada por don Juan de Portocarrero, la Peregrina, la Serena, la Leona, la Palma y la Florida. Los españoles estaban temerosos por los planes del almirante inglés temiendo que se abalanzasen sobre Cádiz y atacarla como lo hicieron el 29 de abril de 1587

Galeaza del siglo XVI
Galeón español San Martín de Medina Sidonia
Golden Hind. Barco de Drake

Padilla ordenó a sus barcos formar en hilera y atacar a los buques enemigos que se encontraban descolgados de la formación. Así, la fila de galeras iba situándose a popa de los buques ingleses, y batiéndolos sucesivamente con su artillería se iban relevando unas a otras a medida que se recargaban los cañones. Por su parte, las tropas embarcadas batían las cubiertas inglesas con su mosquetes. Debido a la imposibilidad de defenderse o huir, los barcos ingleses atacados sufrieron un terrible castigo, siendo finalmente apresados 4 buques de entre 300 y 500 toneladas, un patache de 60 toneladas y una lancha de 20 remos. Durante aquellos durísimos ataques murieron unos 570 ingleses, y unos 130 fueron hechos prisioneros. Drake, pudo maniobrar con su buque insignia, y seguido por otras 4 embarcaciones mayores se dirigió hacia las galeras españolas que trataban de remolcar sus presas de vuelta a Lisboa. Por su parte, don Alonso de Bazán decidió relevar a Padilla con varias galeras de la escuadra de Portugal y continuar con la persecución, apresando tres buques ingleses más durante los días siguientes.

Tras otra tormenta que provocó nuevos naufragios y muertes entre los ingleses, Drake saqueó la pequeña isla de Puerto Santo en Madeira, y ya en las costas gallegas, desesperado por la falta de víveres y agua potable se detuvo en la indefensa villa de Vigo, que en aquella época era un pueblo marinero de unos 600 habitantes, a pesar de lo cual, la resistencia de la población civil causó nuevas bajas a los atacantes. El propio Drake, al mando de los 20 mejores bajeles regresaría a las Azores para tratar de apresar la flota de indias española, mientras que el resto de la expedición regresaría a Inglaterra. Essex recibió orden de Isabel de volver a la corte y Norris decidió también poner rumbo a Inglaterra.

Antes de conseguir llegar de nuevo a las Azores, otro temporal obligó al almirante inglés a retroceder, momento en el que se dio por vencido y ordenó poner rumbo a Inglaterra.

Anverso y reverso de la Medalla de plata conmemorativa del Tratado de Londres Anverso: busto barbado del rey Jacobo I con sombrero, tres cuartos a la derecha . Reverso: dos figuras alegóricas de pie, femeninas Gastadas por roce las partes más salientes. Medalla conmemorativa del Tratado de Londres de 1604 firmado entre España e inglaterra en la ciudad de Londres el 28 de agosto de 1604 que puso fin a la Guerra anglo-española (1585-1604)

 

Mientras la flota inglesa navegaba dispersa debido las tempestades y a la escasez de dotaciones en los navíos, don Diego Aramburu recibió la noticia de que el enemigo navegaba en pequeños grupos por el Cantábrico camino de Inglaterra por lo que inmediatamente partió de los puertos cantábricos al mando de una flotilla de zabras a la busca de presas, consiguiendo finalmente capturar dos buques ingleses más, que remolcó a Santander. La retirada inglesa degeneró en una carrera individual en la que cada buque luchaba por su cuenta para llegar lo antes posible a un puerto amigo.

 

La indisciplina dominó hasta el final en la flota inglesa. Al arribar Drake a Plymouth el 10 de julio con las manos vacías, habiendo perdido a más de la mitad de sus hombres y numerosas embarcaciones, y habiendo fracasado absolutamente en todos los objetivos de la expedición, la soldadesca se amotinó porque no aceptaban los cinco chelines que como paga se les ofreció. Y tan mal cariz tomó la protesta que para reprimirla las autoridades inglesas ahorcaron a siete amotinados.

 

Plymouth en el siglo XVI

Comparación en perdidas de la Armada Invencible y la Contraarmada Inglesa

 

En 1588 la Gran Armada sufrió 11.000 bajas, a las que habría que añadir 2.000 a consecuencia de la peste, antes de embarcar en Lisboa. Ese mismo año, la Armada inglesa perdió entre 8.000 y 10.000 hombres, entre las bajas causadas por los combates y, sobre todo, por la peste. En 1589 las pérdidas de la “Contra Armada” de Drake superaron las 20.000, algunas a causa de la epidemia de peste que se abatió sobre ella en el viaje de regreso a Inglaterra.

Consecuencias de la Contraarmada dentro de Guerra anglo-española

 

La guerra anglo-española fue muy costosa para ambos países, hasta el punto de que Felipe II tuvo que declararse en bancarrota en 1596, tras otro ataque a Cádiz. Después de la muerte de Isabel I y la llegada al trono de Jacobo I (rey de Escocia e hijo de María Estuardo) en 1603, éste hizo todo lo posible por terminar con la guerra. La paz llegó en 1604 a petición inglesa. Las cláusulas de la misma se estipulaban en el Tratado de Londres, y resultaron muy favorables a los intereses españoles. Ambas naciones estaban ya cansadas de luchar, pero especialmente Inglaterra, que en aquel momento era tan solo una potencia media y que estaba luchando en ese momento contra la monarquía más poderosa del momento, y más cuando ya no podía sostener más los costes de un conflicto que fue muy lesivo para su economía. A raíz de este acuerdo de paz, Inglaterra fue capaz de consolidar su soberanía en Irlanda, además de ser autorizada a establecer colonias en determinados territorios de América del Norte que no revestían interés para España. Por su parte, los ingleses debieron abandonar su pretensión de controlar las rutas comerciales entre Europa y América y su promoción de flotas corsarias contra España, cesar en su apoyo a las revueltas en Flandes y permitir a las flotas españolas enviadas para combatir a los rebeldes holandeses utilizar los puertos ingleses, lo cual suponía una total rectificación en la política exterior inglesa.

Tratado de Paz de 1604 entre Jacobo I de Inglaterra y Felipe III de España

Ocultación de la Contraarmada en la Historia por los ingleses y el olvidó de los españoles

El conocimiento de la Contraarmada es imprescindible para comprender la presencia hispánica en el mundo, es incomprensible que haya quedado oculto en la historia. Se habla sobre las causas de tal ocultación. Es sintomático que haya sido el Comité de Educación Secundaria de la Asociación Histórica Británica a través de su presidente, Ben Walsh, el que haya denunciado tal enredo historiográfico: “La derrota de la Armada inglesa nunca se ha enseñado en las escuelas británicas y la mayoría de los profesores de historia podrían no ser conscientes de que existió. Las culturas tienden a atesorar victorias. La Armada invencible es percibida como una victoria y la Armada inglesa, evidentemente no lo es. El plan de estudios moderno proviene de esos valores culturales… Podría parecer injusto que un ataque desastroso de Inglaterra contra España sea completamente olvidado mientras que un ataque desastroso de España contra Inglaterra sea universalmente recordado”.

 

 

 

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