EL MARTÍN FIERRO, LA OTRA BIBLIA. POR GLADYS MERCEDES ACEVEDO. Escritora, Directora del Museo Gauchesco

Dibujo de Juan Carlos Castagninno
Dibujo de Juan Carlos Castagninno
Dibujo de Juan Carlos Castagninno

En el mundo literario, la otra Biblia, la de los gauchos, estuvo gestándose y liberándose de las brumas del silencio mucho tiempo antes de su creación. Surgía a lomo de caballo con las vivencias propias del autor, bajo las sombras de una incipiente poesía gauchesca que crecía a pasos agigantados y que comenzaba a emerger desde la época de las colonias. Las coplas, los romances y las obras teatrales fueron el fuego fundacional que precedió el mundo de este particular gaucho, El Martín Fierro. Esta obra, este poema épico, contundente e indiscutible en su género, maduró lo suficiente como para abrirse camino coronando un siglo de poesía gauchesca. A tal punto que llegó a denominarse a la obra como la “Biblia gaucha”. Así en el año 1872 aparece este gaucho, de manera tímida y sin demasiadas pretensiones con una tirada de pocos ejemplares, tal como lo confesara su propio autor, José Hernández. Pero, pese a la timidez inicial con que fuera presentada esta obra cumbre, el Martín Fierro no estaba dispuesto a no dejarse oír. Venía muy firme a plantar las cimientes de la civilización. Esos versos que rebelaban una cruda protesta social subyacían debajo de las grietas de las injusticias de las leyes arbitrarias, gritaban codo a codo el dolor de los hombres buenos al ser arrancados de sus hogares para la Conquista del Desierto y arremetían con una fuerza huracanada las voces que debían ser escuchadas en los cuatro puntos cardinales.

 

“Soy gaucho, y entiéndanlo

Como mi lengua lo explica,

Para mí la tierra es chica

Y pudiera ser mayor,

Ni la víbora me pica

Ni quema mi frente el sol.”

Dibujo de Juan Carlos Castagninno

Este particular personaje gauchesco ya formaba parte del equipo de los menesterosos, de los parias arrastrados por la inercia de las injusticias sociales, de los silencios y del yugo devastador de los poderosos que dictaron la famosa “Ley de Vagos”, esta permitía a los jueces exigirle la papeleta a los hombres, quienes debían demostrar que estaban conchabados o en caso contrario los mandaban a la frontera a enfrentar al indio.  José Hernández lo manifiesta de manera clara en una estrofa:

“Tuve en mi pago en un tiempo

Hijos, hacienda y mujer,

Pero empecé a padecer

Me echaron a la frontera

¡Y qué iba á hallar al volver!

Tan sólo hallé la tapera.”

Dibujo de Juan Carlos Castagninno

El Martín Fierro cae a merced de las desgracias y para poder sobrevivir, apela a su instinto de héroe para enfrentarse al indio en la Conquista del Desierto. Sus miserias y penurias en la frontera hacen que se aferre a la esperanza del regreso. Pero al llegar, el gaucho se desmorona al no encontrar ni una migaja del mundo que había dejado a sus espaldas: su rancho, la china y sus hijos.

“Como hijitos de la cuna
andarán por ay sin madre
ya se quedaron sin padre
y ansí la suerte los deja,
sin naides que los proteja
y sin perro que los ladre.”

Desde su aparición hasta nuestros días, mucho se ha hablado de este magistral poema gauchesco, que ha tenido que luchar contra otras plumas no menos destacadas y personajes no menos corajudos o picarescos de la llamada literatura gauchesca como fue el caso de Hilario Ascasubi (1807- 1875) con su poema Santos Vega o Los mellizos de la flor; ataca a Rosas con su obra bajo el seudónimo de Paulino Lucero y luego a Urquiza con el de Aniceto el Gallo; Esteban Echeverría (1805- 1851) nos hablaría en su obra del sufrimiento de La Cautiva, un poema donde narra la impotencia del blanco frente al salvajismo y crueldad de los indios al robarse a sus mujeres. Otro podio de honor lo ocupó Estanislao del Campo (1834-1880) con su prosa picaresca, El Fausto, un relato humorístico donde relata las vivencias de un gaucho que había presenciado la representación de la ópera Fausto, de Gounod, en el Teatro Colón de Buenos Aires.  

José Hernández al hablar sobre nuestro héroe máximo de la literatura gauchesca pinta el folclore argentino en su máxima expresión. El paisaje, el idioma, las costumbres o vivencias del hombre de campo. El autor realizaba junto a su padre trabajos de campo y él mismo fue testigo privilegiado e incluso vivenció muchas de las peripecias que narra en su poema épico. Las guerras internas eran moneda corriente en la época en que vivió el autor, a tal punto que él participó en numerosas batallas: la del Rincón de San Gregorio contra el General Gregorio Paz; interviene en la acción bélica de los campos del Tala; de Cepeda; Pavón; Cañada de Gómez. La última batalla en la que interviene es la de Ñaembéen Corrientes, al mando del entrerriano Ricardo López Jordán (26 de enero 1871) donde salva su vida y huye hacia el Brasil. Es en Santa Ana do Livramento donde comienza a escribir su obra cumbre que terminaría un año después en un hotel de Buenos Aires. En 1872 publica la primera edición de El Gaucho Martín Fierro, la cual se agota inmediatamente y comienza un largo periplo de reediciones. Tal fenómeno, que se da por primera vez en nuestro país en el campo de lo literario, tal vez se ha debido a que la gente de clase humilde se identifica con las peripecias que debe vivir ese gaucho. El hombre bueno que ha sido arrancado del seno de su rancho y su familia y cuyas penosas circunstancias lo transforman en bandido. En esa época, la segunda mitad del siglo pasado, eran muchos los Martín Fierro que vagaban por la pampa. José Hernández los rescata y embandera con su obra, el estandarte del dolor y las injusticias sociales. De todos los poemas épicos, esta obra es la más completa de todas y cierra el ciclo de lo gauchesco.

José Hernández

El mundo folclórico del Martín Fierro:

Ámbito Espacial: Al entrar en la obra vemos que el escenario natural donde se desarrolla la historia es la pampa.

 

 “El gaucho más infeliz

tenía tropilla de un pelo,

no le faltaba un consuelo

y andaba la gente lista…

tendiendo al campo la vista,

sólo veía hacienda y cielo.”

 

Ámbito Temporal: En la primera parte del Martín Fierro queda bien delineado el pasado del gaucho que narra a través de sus recuerdos las peripecias vividas junto a su amigo Cruz.

 

 “Yo he conocido esta tierra

en que el paisano vivía,

y su ranchito tenía

y sus hijos y mujer…

era una delicia el ver

cómo pasaba los días.”

 

En La Vuelta de Martín Fierro (1879) regresa junto a su amigo Cruz de las Tolderías al mundo de los cristianos. Allí se reencontrará con sus hijos y el hijo de Cruz, al que llaman Picardía.

 

Viene uno como dormido

cuando viene del desierto;

veré si a esplicarme acierto

entre gente tan bizarra

y si al sentir la guitarra

de mi sueño me despierto.”

 

La religión: los versos del Martín Fierro tienen un marcado tinte religioso que se atribuye a las íntimas convicciones o creencias del autor. Ya en el primer verso recurre a la asistencia del creador.

 

“Pido a los santos del cielo

que ayuden mi pensamiento

les pido en este momento

que voy a contar mi historia

me refresquen la memoria

y aclaren mi entendimiento.”

 

En LaVuelta de Martín Fierro sus hijos heredarán, no sólo las desgracias, sino también la arraigada fe cristiana de su desventurado padre.

 

 “Me saqué el escapulario

se lo colgué al pecador;

Y como hay en el Señor

misericordia infinita,

rogué por la alma bendita

del que antes jue mi tutor.”

Libro de Martín Fierro 1894

Personajes principales y secundarios: El personaje central de la obra es el gaucho Martín Fierro y podemos identificar como personajes secundarios: a sus hijos; la china (su mujer); Cruz (su amigo); Picardía (el hijo de Cruz); El Viejo Vizcacha y los indios.

Lenguaje: La obra está colmada de un fuerte lenguaje regional. En la obra el autor recurre al habla de la época que va recogiendo en el continuo alternar con gauchos e indios. Es la primera vez que en la literatura gauchesca el personaje habla con un lenguaje propio y no académico. Para ello recurre a muchos dichos o modismos.

También cabe destacar que se manifiesta el cinismo en la obra con los consejos que da el viejo Vizcacha al hijo menor de Fierro.

 

A naides tengas envidia

es muy triste el envidiar

cuando veas a otro ganar

a estorbarlo no te metas

cada lechón en su teta

es el modo de mamar.”

 

El autor recurre, una vez más, al simbolismo para darle un augurio brillante a su obra.Antes de finalizar Martín Fierro se despide de sus hijos para rumbear hacia los cuatro puntos cardinales.

 

“Y si la vida me falta,

ténganlo todos por cierto,

que el gaucho, hasta en el desierto

sentirá en tal ocasión,

tristeza en el corazón

al saber que yo estoy muerto.

 

Pues son mis dichas desdichadas

las de todos mis hermanos;

ellos guardarán ufanos

en su corazón mi historia;

me tendrán en su memoria

para siempre mis paisanos.

Esta obra épica es importante porque se elige al Martín Fierro como símbolo de identidad nacional. Es el gaucho o todos los gauchos domesticados que a fuerza de añorar el campo y a su familia regresan para abrazar a la civilización. Regresan para contarnos su historia y así poder desparramar por el mundo, algo que nos caracteriza: “la argentinidad” como verdadera construcción cultural.

El autor: José Hernández nace el 10 de noviembre 1834,en la chacra de Pueyrredón. Fallece a los 52 años, el 21 de octubre 1886.

 

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